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viernes 01 de julio de 2016

La llamita de Raquel se enciende otra vez

Última función. La comedia con Guillermo Troncoso y Francisco Carrasco se despide esta noche en el teatro Plaza. Volvió a la cartelera en febrero por tres funciones, pero el público quiso que fueran más

Nadie podía suponer, allá por 1999, cuando se estrenó La llamita de Raquel, que 17 años después mantendría su poderosa vigencia.

La obra de Joe López (hoy radicado en Buenos Aires) llevaba casi una década sin presentarse entre nuestro público, con lo cual bien puede decirse que hay una generación que se la había perdido o bien que la había visto con otros actores y con matices diferentes, porque la realidad juega un papel importante al colarse en los diálogos.

Para quienes no la hayan visto aún, la Raquel del título es una maestra de séptimo grado que, luego de 30 años, llama a uno de sus ex alumnos, Beto Martínez, que trabaja como taxista y que se convierte en el receptor de un inusual pedido: la docente quiere que reúna a todos sus ex compañeros, tal como acordaron hace tres décadas.

Y aquí comienza el periplo del joven, que tendrá que reclutar a quienes compartieron el aula con él y para ello lo hará en los más disímiles lugares, desde la calle, el mundo delictivo y el cabaret, porque los destinos de los entonces niños del colegio han sido muy dispares.

El compañero ideal
Guillermo Troncoso ha sido esencial en esta obra que ahora comparte con Francisco Pancho Carrasco, en la cual interpretan varios personajes. Guillermo recuerda que conoció a Joe López, el autor de La llamita... en el cumpleaños de un amigo en común, el también actor y luego funcionario Alejandro Pellegrina.

Se dieron cuenta que tenían lo suficiente en común como para trabajar juntos y así lo hicieron. Se juntaron dispuestos a que de aquellas coincidencias algo surgiera, y lo que espontáneamente nacía eran los relatos de la infancia de ambos, la escuela y una maestra llamada Raquel que tuvo López en la primaria.

"Joe escribía y yo me enfocaba más en la puesta en escena, en los personajes. Improvisábamos un rato y él volvía a escribir", recuerda Troncoso de esos días inolvidables.
Es por ello que no es de extrañar que durante muchos años Troncoso haya sido como la "columna vertebral" de esta obra, que ha protagonizado con el mismo López, con Alejandro Pellegrina, con Alfredo Zenobi y ahora con Carrasco.

La puesta actual
En el escenario se advierte con claridad que la dupla Troncoso-Carrasco se siente muy a gusto. Han compartido otros escenarios y logran llevar el ritmo vertiginoso que tiene esta obra de manera ajustada, con el desafío extra de que La llamita de Raquel, en sus sucesivas escenas, no provoca un in crescendo de la comicidad, sino que la risa es continua.

Cada personaje aporta desde lo gestual, el texto o los "giros verbales" que los protagonistas les imprimen, una oportunidad para la carcajada y sabemos que si la risa es algo complejo de provocar, lo es mucho más durante un tiempo sostenido.

Incluso entre el público la reacción es increíble. En una de las funciones en el teatro Quintanilla, una señora –sentada en la fila de adelante–, les anticipaba a los actores lo que pasaría o comentaba en voz alta la acción del escenario. Con la experiencia que ambos actores tienen, saben cómo manejar o incluso potenciar estas interacciones con el público.

Y luego están las improvisaciones, la chispa que surge en el momento y la actualidad presente en los chistes o personajes que incluyen en sus diálogos. Situaciones o mendocinos identificables que ayudan a crear esa complicidad con el espectador pero no impactan en la esencia de la obra. De allí que cada año, cada puesta pueda ser diferente, porque cambian sus tres variables: el público, la realidad y lo que los actores se permitan crear a partir de las dos primeras.

¿Raquel de viaje?
No es de extrañar que el productor Luis Pérez Galeone esté pensando llevar La llamita de Raquel a Buenos Aires, porque es un texto poderoso, dinámico, que admite modificaciones y con el cual los actores de oficio pueden lucirse.

En febrero, tras casi 10 años de no presentarse en Mendoza, la obra volvió, en principio por sólo tres funciones. Pero fueron muchas más, porque el público estaba y está allí para conocer a Raquel, a Beto y a la legión de extraños ex alumnos que paseará ante sus ojos.
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