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martes 22 de noviembre de 2016

La comedia uruguaya "Los modernos" sorprende con su frescura e inteligencia en Mar del Plata

El filme, quizás lo más interesante que se vio de la cinematografía uruguaya luego de la genial "Whisky" (2004), es una comedia existencial, construida a golpes de sutileza, rodada en blanco y negro.

El filme "Los modernos", opera prima de los uruguayos Mauro Sarser y Marcela Matta, ingresó hoy en la Competencia Latinoamericana del 31° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, sorprendiendo por su delicada inteligencia y su narrativa fresca y desbordante de humor.


El filme, quizás lo más interesante que se vio de la cinematografía uruguaya luego de la genial "Whisky" (2004), es una comedia existencial, construida a golpes de sutileza, rodada en blanco y negro, musicalizada por viejas canciones de Carlos Gardel acompañado de guitarras y con evidentes guiños, en sus formas narrativas, en la utilización de la música, en los planos de largas caminatas por la ciudad y sus encuentros fortuitos y significativos entre amantes que se dejan y vuelven a querer, al cine de Woody Allen.

Para acentuar más los parecidos, que nunca se rebajan a la copia bien o malintencionada sino que tienen que ver con un aire dulce que se respira a lo largo de su proyección, la película está protagonizada por Mauro Sarser -uno de sus directores-, que compone a un creativo de treinta y pico, indeciso ante los compromisos del amor pero, también, un inteligente destructor de reputaciones consagradas y modas, un incendiario del arte snob.

Las atribuladas dudas y confusiones del personaje de Mauro se prolongan fuera de la pantalla y en los bares de Mar del Plata, donde los mozos no terminan de ubicarse en relación con los clientes que tienen que atender, ya que cuando intentan meter un bocadillo sobre Juliette Binoche se encuentran con una mesa que discute sobre el fémur y la rótula; y si quieren hablar de Willem Dafoe en el paseo de la fama del Hermitage son sorprendidos con disquisiciones sobre el inciso 8 del capítulo 5 del Código Procesal.

Sucede que, en Mar del Plata, y en simultáneo con el festival de cine, se están realizando también dos importantes congresos profesionales: uno de medicina y otro de derecho, con lo cual "no es tan fácil saber a quién está atendiendo uno", dicen los confundidos mozos de la Feliz.

El tercer día de la Competencia Internacional aportó hoy dos títulos que, paradójicamente, compitieron entre ellos también en el último Festival de Venecia. "Paradise", que hoy se vio en Mar del Plata en el segundo pase de prensa del día, le dio a su realizador el ruso Andrej Konchalovsky el León de Plata como Mejor Director.

En este filme el realizador de "Siberiada" propone un drama sobre la Segunda Guerra Mundial, los campos de concentración, la Francia ocupada, alemanes de las SS, princesas rusas rapadas en campos de concentración y niños judíos; en blanco y negro y pantalla 4.3.

Las historia que se relatan son las de tres personajes: una princesa rusa en el exilio apresada en el París bajo la ocupación nazi por cuidar a dos niños judíos y ser parte de la Resistencia, que termina en un campo de concentración, donde mantiene una relación amorosa con un SS; un policía francés que trabaja para la ocupación nazi y parece ser asesinado frente a su hijo por el temor a las represalias ante el avance aliado; y un joven aristócrata alemán miembro de las SS encargado de controlar un campo de concentración y en la mira de los posibles puestos de jefatura de la burocracia nacional socialista.

Mezcla de melodrama y denuncia de los horrores de la civilización bajo una mirada humanista, el filme no llega a traspasar la malla del presente, aunque son evidentes la precisión en la construcción cinematográfica y la calidad actoral de los intérpretes.

El otro filme de la Competencia Internacional que se vio en primer pase de prensa fue "El Cristo ciego", del chileno Christopher Murray, rodado en poblaciones empobrecidas del norte chileno y con actores no profesionales, que cuenta el peregrinar de un santón que cree poseer poderes curativos y deambula sin estacionarse en ningún sitio e intentando llevar al mensaje evangelizador.

"Hice esta película porque estoy convencido de que al reflexionar sobre la fe podemos destapar los conflictos sociales que históricamente han plagado nuestro país y nuestra sociedad", destacó Murray.
La competencia argentina presentó, a sala repleta, "Pinamar", nueva película de Federico Godfrid, proyectada en el Festival de San Sebastián, y que trae a dos actores que pueden dar que hablar en el futuro de la pantalla grande: Juan Grandinetti y Agustín Pardella.

Pardella y Grandinetti representan a dos hermanos que viajan a Pinamar para vender la casa que fue de su madre, fallecida en un accidente, dando la desolada ciudad costera, fuera de la temporada veraniega, el marco ideal para reencontrarse con los recuerdos y enfrentar a sus fantasmas.

Godfrid apela a una narración lineal en la que los verdaderos sentimientos de los protagonistas van in crescendo, sin planos revolucionarios, pero con la certeza de que los actores y los tiempos son los que manejan los hilos de una trama que no decae ni muestra fisuras.

Hoy, en primer turno, se proyectó "No te olvides de mí", ópera prima de Fernanda Ramondo, con el protagónico de un Leonardo Sbaraglia que representa a un ex presidiario en el intento por retomar una vida que ya había perdido el curso.

En una suerte de road movie que emula en más de un plano a "La Strada" (Federico Fellini) y en el concepto a "Luna de Papel" (Peter Bogdanovich), Ramonda recrea los comienzos del siglo XX por medio del vestuario, un furgón de carga y el recorrido del sur bonarense, paisaje que resulta atemporal.

Buenos planos generales ayudan a apreciar la naturaleza y el camino hacia la aridez patagónica, apoyados por un guión que, de poco, desnuda la verdadera personalidad de Mateo (Sbaraglia), un italiano por medio del cual se deja ver el contexto político de entonces.

Más tarde fue el momento de la presentación en sociedad de "La siesta del tigre", primer documental de Mariano Schonfeld, sobre la insólita búsqueda de fósiles de dinosaurios por cuatro puesteros del interior de Entre Ríos.

Este filme deja ver en su magnitud el entorno húmedo del litoral, aunque nunca encuentra un rumbo certero para mostrar una historia en la que no se sabe a ciencia cierta cuánto hay de verdad y cuánto de fantasía.

La competencia argentina se lleva adelante en el Complejo Aldrey de la ex terminal de micros, predio donde se puede apreciar una muestra de vestuario como la del filme "¡Ay, Juancito!", de Héctor Olivera, junto a autos antiguos y un televisor con transmisiones de Incaa TV.
Fuente: Télam

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