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miércoles 10 de agosto de 2016

Inseparables en el cine y en la vida

Llega la cinta con Rodrigo de la Serna y Oscar Martínez. Charla íntima con sus protagonistas y el director, Marcos Carnevale.

Un millonario que tuvo un accidente y quedó cuadripléjico. Un joven con antecedentes penales que trata de sobrevivir. Todo indica que nada podría hacer que se encuentren, excepto el azar. Eso fue lo que pasó en la vida de Philippe Pozzo di Borgo y Abdel Yasmin Sellou. que en la vida real, en Francia, no sólo se conocieron sino que entablaron un vínculo para toda la vida, el mismo que inspiró la famosa película Amigos intocables.

En la versión argentina son Felipe y Tito. U Oscar Martínez y Rodrigo de la Serna, quienes en el filme Inseparables, de Marcos Carnevale, reviven esta historia de amistad.

Diario UNO charló en un hotel céntrico de Mendoza con el director y el actor, para contar todo lo que significó ser Inseparables al modo argentino.

Un gran tema universal
La filmografía de Carnevale parece estar atravesada por el tema del amor: lo fueron en Elsa y Fred, Corazón de León y Anita, por citar sólo algunos ejemplos. Él lo confirma: "El amor es lo único que nos salva como seres humanos, el amor en cualquiera de sus formas, más allá de que hay gente que dice que no y a la que no les creo. Necesitamos del afecto, de contar con un búnker donde haya unos brazos que te atajen y donde vos podés ser vos mismo de verdad, porque cuando salimos a la calle, cuando incluso estamos con amigos, no mostrás todo lo que sos. Siempre es bueno contar con alguien con el cual podés estar al desnudo con tus sentimientos, confesar lo inconfesable y mostrar tu dolor más grande. Me parece que cualquier ser humano con amor es mejor, siempre es mejor. En general, he contado historias que comienzan con una adversidad y luego la adversidad es salvada por el amor".

–Como en "Anita"...
–Claro. Ella vivía una tragedia espantosa que no comprendía, pero la fueron salvando un montón de amores circunstanciales que la protegieron. En Elsa y Fred era mostrar algo que me preocupa, que es cómo relegamos en nuestro país a los viejos y pensamos que pasados que los 70 tienen que estar haciendo tiempo hasta que llegue la muerte.

–El pecado de envejecer...
–Sí, y que ya no queda nada por hacer y queda mucho, incluso enamorarse. A mí me interesan más que las historias, los personajes, porque son los que generan la empatía. El espectador siempre se monta en la identificación, en un personaje del cual pueda decir: "Yo conozco a una mina así, a un amigo así"...

–¿Cómo funcionó eso en "Inseparables"?
–Esta también es una película de vínculos, de dos seres aparentemente imposibles de conciliar en una amistad por lo diferentes que son a nivel socioeconómico, cultural... por donde lo mires. La historia de Felipe que perdió el gran amor de su vida, que tuvo un accidente que lo dejó cuadripléjico, que es millonario, culto, que tiene todo, pero le falta afecto, contención. Está buscando un asistente personal y se presentan un montón de personajes que son supuestamente profesionales, pero a él no lo convence ninguno porque está vacío, incluso le ronda la idea del suicidio.

–Eso es una indagación tuya, porque no aparece así en la película francesa...
–Yo le encontré puntos a la película francesa que no habían profundizado y lo quería hacer. Son decisiones. Estaban muy en la superficie y había que hacerse cargo de eso, sobre todo con un personaje con una problemática tan grave es imposible no hacerse cargo de eso. Profundicé un poco más y traté que la comedia no se comiera la historia, no la banalizara. Entonces la llevé más a mi terreno, yo hago siempre una comedia más dramática, donde te reís y aparece la emoción, pero detrás hay algo verdadero.

–Esta es una historia muy esperanzadora, ¿te gusta filmar este tipo de relatos?
–Las películas que no tienen salida me parecen hasta perversas. El hecho de tirar un tragedión y que la gente se vaya con la angustia de que la vida es una mierda, no... ¿para qué te llevo el cine? El cine es para entretenerse, para pasar un buen rato. Te muestro la adversidad, pero te muestro que hay salida y no es una ilusión de la ficción, esta historia está basada en un hecho real.

De selfies y buena estrella
Oscar Martínez confiesa que la ducha que se dio en el hotel logró revitalizarlo. Es que la presentación de una película suele adquirir ribetes muy intensos en la recta final. A veces la fama es demasiado demandante.

–En días como estos, ¿no sentís que ser famoso es una maldición?
–(Se ríe). Para nosotros no, porque es como un premio al trabajo. Lo nuestro es una tarea en que si no sos conocido, es que no te va bien. Si sos un personaje muy popular, la gente te grita en la calle, te siente familiar, te agarra. A mí no me pasa. Se me acerca para expresarme afecto, siempre con mucho respeto. Cuando son muy populares, como lo era mi suegro, Tato Bores (N. de la R: está casado con Marina Borensztein, la hija de Tato) , es diferente. Mi suegro hubiera odiado las selfies. Él entraba a un restorán y todos se paraban para saludarlo. Con las fotos estaría enfermo, él que iba todas las noches a comer afuera, ¡todas las noches de su vida! Hoy no lo haría porque lo volverían loco (risas).

–¿Es cierto lo que dicen de los cómicos, que son muy diferentes a cómo se muestran?
–En el caso de Tato era un ser extraordinario, yo lo quería mucho, pero era cascarrabias. El Negro Olmedo también. Los cómicos en general no andan por la vida haciendo de graciosos. Por eso creo que mi suegro se hubiera vuelto loco con esto de las selfies.

–¿Y de vos, qué ve la gente que no sos?
–La gente creo que me ve serio, que no tengo humor, yo te diría taciturno, y no lo soy. Tengo mucho humor, me río mucho y hago reír mucho. Es verdad que hay cosas que me las tomo muy serio y eso me creó una fama y además no me esmero en parecer simpático. Hay gente que lo hace por condescendencia, por obligación o conveniencia. Yo no puedo.

–¿Qué tuvo de singular el papel de Felipe para que lo aceptaras?
–Cuando vi la película con mi mujer quedamos fascinados y pensé la suerte que tuvieron esos actores de poder hacerla. También pensé que me hubiera gustado ese papel, que era un traje que me quedaría bien. Así que cuando me llamaron para decirme que Sono Film había comprado los derechos y me ofrecían ese personaje, fue una alegría inmensa.

–¿La alegría era porque soñaste con ese personaje?
–Es que además me parece el momento ideal para esta película. Es un guión muy esperanzador, en un momento en que es muy difícil encontrar guiones así, cuando el mundo está tan oscuro, tan perverso y que están pasando cosas tan terribles que producen tanto temor, horror, angustia. Una película en la que dos personas tan distintas puedan pasar por encima de todas las diferencias –que terminan siendo superficiales o aparentes– y encontrar que los dos adivinan la nobleza que el otro tiene, es una película que te calienta el alma.

–¿La filmación terminó antes de lo previsto?
–Estaba prevista para ocho semanas y la terminamos en seis y dos días. Todo salía fácil. Las jornadas que teníamos exteriores llovía hasta el momento en que teníamos que filmar, llovía a torrentes cuando teníamos interiores. Nunca pasó nada ni en el orden técnico ni humano, que nadie se enfermase, ningún disgusto. Nada de nada. Fue una película angelada. Una fiesta de seis semanas.

Lo que viene
Marcos Carnevale tiene varios proyectos cinematográficos dando vueltas, uno en el exterior. A la vez está escribiendo un guión. Tiene un proyecto teatral en vista y acaba de estrenar una obra, Somos Childfree. Además, continúa en la dirección de contenidos de Pol-ka.

Oscar Martínez por todos lados
Es el protagonista de las dos películas argentinas que irán al Festival de Venecia, El ciudadano ilustre e Inseparables. Filmará en España la adaptación de la obra teatral Toc Toc. Es el único actor argentino del elenco.

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