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sábado 15 de julio de 2017

"Hay que aceptar que no serás joven para siempre"

Mónica Belluci presenta «En la vía láctea», un filme de Emir Kusturica sobre el amor en la madurez.

A sus 52 años, Monica Bellucci sigue siendo la italiana que conquistó al mundo desde que saltara de las pasarelas a las pantallas de cine. Hoy asegura que no podría volver a dar vida a los personajes que la convirtieron en mito, como «Malèna» (2002) o Perséfone en «Matrix»; pero no importa. Su carrera ha llegado a un nuevo nivel junto a directores de culto, como Emir Kusturica, con el que presenta hoy «En la vía láctea», y su sensualidad sigue enamorando en series como «Mozart in the Jungle» o «Twin Peaks».

¿Cómo cree que se sentirá un seguidor de Monica Bellucci que vaya a verla en este filme y descubra el universo tan personal de Kusturica?

No es como una película comercial, eso seguro (risas). Pero es un universo que te toca. La primera vez que me reuní con Emir Kusturica me enamoré a nivel artístico, estaba frente a un director único. Así que cuando me llamó después y me dijo que quería que trabajara con él fui muy feliz. Incluso durante el rodaje estaba muy emocionada, y eso que estuvimos cuatro años... Fue muy interesante, un reto constante... Al final el público se sentará frente a la película, y le gustará o no, pero no podrá decir que no es puro cine.

Además de Monica Bellucci, ¿qué es lo que tiene este filme para enamorar al público?

La película cuenta una bonita historia de amor en medio de una guerra. Hay un contraste entre el amor y la guerra, que es el de la propia humanidad. Todo el filme es una metáfora por la que llegamos a esta realidad creada bajo la firma de Emir Kusturica.

¿Cómo es esa historia de amor?

Es una historia de amor sobre dos personas adultas que no serán jóvenes nunca más, y que no quieren volver a serlo, y el miedo que tienen de su capacidad de amar, de compartir, y también, y es algo bello, de su sensualidad y de su sexualidad. La sensualidad no es algo biológico. La belleza y la sexualidad pueden existir con cincuenta, sesenta, setenta años... Porque no es una cuestión de edad, es una cuestión de energía. Estamos preparados para la belleza y no para la muerte. Y es difícil aceptar que la vida se nos vaya delante de nosotros. Y creo que este filme prueba que es algo que hay que aprender y aceptar: no serás joven para siempre.

¿Y cómo vive este proceso de madurez un mito como usted?

Creo que la vida son puentes que tenemos que cruzar. Recuerdo que el primer «puente» fue convertirme en madre. Nunca podría volver a ser quien fui. Y después, el siguiente fue alrededor de los 40 años. En ese momento me di cuenta de que ya no sería joven nunca más: tu cuerpo ya no te sigue a ti, tú sigues a tu cuerpo. El tiempo pasa y no hay nada que puedas hacer. ¿Cómo lidias con eso? Fue un aprendizaje que tuve que aceptar. Con mi cuerpo y también con mi trabajo. Tengo cincuenta años, no puedo hacer «Malèna» nunca más, ni «Irreversible», ni «Matrix»... tienes que encontrar otro modo de ser actriz. Y si lo aceptas, y estás bien con que el tiempo pase, puedes tener sorpresas positivas.

¿Se escriben papeles interesantes para mujeres maduras?

Antes no era así. Muchas actrices a partir de los cuarenta desaparecían, aunque fueran bellas y talentosas. Le pasó a grandes iconos. Hoy es diferente. Están Julian Moore, Isabelle Huppert, Judi Dench, Meryl Streep... Por eso pienso que estamos viviendo una nueva etapa.

¿El rol de los personajes femeninos está cambiando también?

Sí, cuando me plantearon hacer James Bond, Sam Mendes me dijo: «Creo que va a ser algo revolucionario añadir una mujer madura en los brazos de James Bond». Y lo fue. Era la primera vez que podíamos ver a Bond besar a una mujer mayor. Y no pasó nada, seguía siendo una cosa sensual. Las mujeres de James Bond no tienen por qué ser jóvenes, la sensualidad y la belleza van a seguir estando ahí.

¿Por qué cree que ha cambiado la situación de la mujer?

Las mujeres se miran a sí mismas con más respeto, y son miradas de una manera diferente. El cine es solo una representación de la realidad. Y si la realidad cambia, el cine cambia también.
Fuente: abc.es

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