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domingo 11 de junio de 2017

Frankenstein, Drácula o la momia: el misterioso fenómeno de los seres malditos que nunca mueren

La vigencia de estas películas a lo largo del tiempo demuestra que el éxito de estas criaturas míticas es cíclico, y su moda no perece sino que resurge al cabo de los años, como este viernes, que se estrena -de nuevo- «La momia».

Cuando imaginamos un clásico de terror, más importante incluso que el monstruo son los sonidos. La música, los silencios, las pausas... El ritmo ayuda a crear una atmósfera espeluznante, y abruma a un espectador que asiste al sobrecogedor espectáculo como si estuviese dentro de la pantalla. Sin estarlo. Curiosamente, cuando la primera criatura dio el salto al séptimo arte, lo hizo en silencio. Fue Frankenstein, que dinamitó el cine mudo con su presencia en una película de apenas 16 minutos, dirigida por J. Searle Dawley en 1910 y producida por Thomas Edison, el inventor de la bombilla. Y es que la luz, o su ausencia, sería uno de los factores que contribuyeron al éxito de un producto tan básico en esencia.

Los rasgos cadavéricos y la intensa mirada del torturado personaje imaginado por Mary Shelley allanaron el terreno a una serie de monstruos cuyo propósito no solo era aterrorizar al espectador, sino servir como metáfora de las inefables actitudes humanas, del lado oscuro de las personas; un método para plasmar los eufemismos de nuestro interior en pantalla. Este tipo de macabros personajes, imperfectos, con sus luces y sombras, representan el conflicto moral de la humanidad, y en el fondo, son como nosotros, en una perpetua lucha entre el bien y el mal.

La sombría «Nosferatu, el vampiro», de F.W. Murnau, continuó la tendencia, empleando a una criatura diferente, más fría. De nuevo, el monstruo servía de puente entre la vida y la muerte, un híbrido sobrenatural que vuelve del más allá y, aunque es prácticamente inmortal, no es inmune a las pasiones e inquietudes humanas, pese a su aura maldita.

Los cineastas, absortos por la idea de rescatar los mitos que han aterrorizado a la humanidad durante generaciones y atraídos por la posibilidad de reflejar las criaturas que durante siglos las personas habían imaginado, se lanzaron sin paracaídas a esta nueva moda, que todavía perdura.

El mítico y escalofriante Drácula de Béla Lugosi inauguró prácticamente un género de películas de serie B, que con el tiempo reinventarían al famoso vampiro hasta la saciedad. El Conde de los colmillos largos y adicto a la sangre ha protagonizado decenas de filmes a lo largo de la historia, alimentando la obsesión del público por el elegante y aterrador vampiro, el «hombre» de las mil caracterizaciones en la gran pantalla, desde el repeinado Drácula de Lugosi al pelo largo (o moño blanco) del de Gary Oldman en «Drácula, de Bram Stoker», dirigida por Francis Ford Coppola, donde el actor dio vida a uno de los vampiros más «románticos» de la filmografía de terror, «cruzando océanos de tiempo» para conocer a su amada.

«Un hombre lobo americano en Londres», de John Landis, se convirtió en un filme de culto en la década de los ochenta, reinterpretando al licántropo, un hombre que se convierte en lobo con la luna llena (transformación que le valió un Oscar a la película), en un clásico de las ficciones de terror versionado hasta la saciedad, hasta en series juveniles. Pero antes que este clásico llegó en 1941 «El hombre lobo» de Lon Chaney Jr., que compartía escenas de nuevo con Béla Lugosi.

Además de enmascarar los temores humanos a través del espantoso físico de estos personajes, estos clásicos instantáneos reutilizaban también a los actores, como Lugosi o Karloff, que enseguida se asociaban con el género del terror, del que eran puntales ineludibles.

Ese peligro intoxicante, esa oscuridad que atrapa, provoca un embrujo en el espectador, que siempre vuelve a caer en estas leyendas. La vigencia de estas películas a lo largo del tiempo demuestra que el éxito de estas criaturas míticas es cíclico, y su moda no perece sino que resurge al cabo de los años. Así, cada cierto tiempo, los estudios reinventan a estos rentables monstruos, como ahora hace Universal recuperando a la momia que en su día tranformó a Boris Karloff (que también dio vida al sádico Frankenstein de 1931) en Imhotep, pero apostando, bajo las vendas, por una de las primeras criaturas femeninas.
Fuente: abc.es

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