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miércoles 25 de mayo de 2016

Explora la depresión femenina en su thriller psicológico "Algunas chicas"

El cineasta Santiago Palavecino explora los misterios de la depresión femenina en un inquietante thriller psicológico basado libremente en el libro "Entre mujeres solas", del italiano Cesare Pavese.

El cineasta Santiago Palavecino explora los misterios de la depresión femenina en "Algunas chicas", inquietante thriller psicológico basado libremente en el libro "Entre mujeres solas", del italiano Cesare Pavese, que se estrena el jueves y protagoniza Cecilia Rainero, como una médica que viaja a una casa de campo y se topa con un ambiente enrarecido donde la angustia y el suicidio acechan en cada rincón.

Con las actuaciones de Agostina López, Agustina Muñoz y Ailín Salas, a quienes acompañan en distintos roles los escritores Edgardo Cozarinsky y Alan Pauls, la nueva película de Palavecino transita por momentos el espacio misterioso de un sueño, donde la protagonista se sumerge y deja llevar por la vorágine de un grupo de chicas atormentadas, que intentan matar el tedio pueblerino con peligrosos juegos de drogas y sexo.

"La verdad es que no entiendo nada de mujeres. No comprendo nada de ellas. Y seguramente ese misterio que me produce lo femenino fue el motor de esta película. Es un desconcierto que nos fascina pero también nos deja con la máxima desazón. Es el motor del deseo y la fascinación", dijo Palavecino en relación a la génesis de esta película que desdibuja los límites entre sueño y vigilia, entre vida y muerte.

El autor de "Otra vuelta" y "La vida nueva" señaló que se inspiró libremente en el libro en el que Pavese explora determinadas formas de la tristeza femenina, porque -según recordó- "yo veía a mi alrededor chicas de 30 años que estaban en un momento espléndido de su vida, de su sexualidad e intelecto, pero que sufrían unas depresiones tremendas e inexplicables".

"Me interesaba indagar en esta película los orígenes y las formas de cómo se manifiesta esa tristeza. Tenía una amiga que sufría la misma angustia y muchas veces hablar con ella era como hablar con alguien de otro planeta. Mi interés fue intentar entender esa forma de tristeza femenina a la que creo que, como hombres, ni siquiera podríamos arrimarnos", agregó Palavecino.

El tono sombrío de la película, que se estrenó en 2013 en el Festival de Venecia, luego de lo cual pasó por Sitges, Estocolmo, Río de Janeiro y Bafici, tiene también otros orígenes posibles, entre los cuales figuraría la preocupante situación de muchos jóvenes de la ciudad bonaerense de Chacabuco -de donde Palavecino es oriundo- que al igual que las protagonistas viven envueltos en una enorme angustia e incertidumbre.

"En Chacabuco hay una cifra escandalosa de suicidios. Creo que me influyó mucho la difícil realidad de mi generación en la provincia de Buenos Aires, donde en los '90 muchos jóvenes nos vimos expulsados a un mundo que nos creaba expectativas que eran completamente falsas", recordó Palavecino en relación a la pulsión al suicidio que late en las protagonistas y las acecha en distintos tramos de la película.

"A mucha de esa gente morirse o no morirse le da lo mismo, porque ya están un poco como muertos. Yo creo que la película se contagió de la novela de Pavese, que era un depresivo total", añadió el director, que ahora está terminando la posproducción de "Hija única", una nueva película que habla sobre la pérdida de la identidad y que "cierra el ciclo temático" de sus filmes anteriores.

En relación con una puesta en escena que privilegia la extrañeza del sueño y la pesadilla, un espacio lúgubre donde la protagonista intenta escapar de algo incierto, sin saber que se topará justamente con eso que la persigue, Palavecino reconoció que antes de empezar a filmar se juramentó y repitió varias veces: "No imitarás a David Lynch, no imitarás a David Lynch".

Sin embargo, los nudos oníricos del autor de "Carretera perdida" y "Cabeza borradora" resuenan en algunos momentos del filme, al igual que ciertas pulsiones propias de películas de otros cultores de lo extraño y deforme como David Cronenberg o Terence Fischer.

"Después de mi película anterior quedé bastante desilusionado de mí mismo, tuve que reconstruirme y traté de reencontrarme con el cine y con aquello que me gustaba cuando era chico", destacó el realizador.

Palavecino deslizó que "quizás esa ambigüedad que se ve en las películas de Lynch está en la misma realidad. La ambigüedad me parece lo más verdadero y es el tipo de conflicto que a mí me interesa, la razón por la cual el mundo se me hace interesante. Además, sé que la puedo tocar o abordar con el cine, pero no con otras herramientas como la escritura, por ejemplo".

"Eso se debe a que el lenguaje se compone lógicamente mientras que el cine propone una forma de pensamiento que me conmueve más", dijo este graduado en Letras en la Universidad de Buenos Aires, y agregó: "Usando otras herramientas me sentiría un impostor, porque además una película te permite trabajar las zonas de la ambigüedad y lo inesperado, el punto donde se empiezan a acercar el cine y tu propia vida".

En relación con la estructura del filme, Palavecino señaló que "hay una forma que siempre me interesó trabajar que tiene que ver con Bergman y es que las películas arrancan con el punto de vista de un personaje, pero si ese personaje empieza a desvariar la película también desvaría con él. Trabajamos mucho lo imprevisto en los ensayos, donde la premisa era que no debía pasar nada que alguien pudiera imaginar previamente".

"Todo debía ser imprevisto y desconocido, al igual que pasa con ciertos procedimientos técnicos inmotivados, que se relacionan un poco con lo imprevisible de las mujeres, que pueden cambiar de parecer de un momento a otro, pero también con cineastas clase B como Jacques Torneur, que se las arreglaba con dos mangos para llevar adelante una narración de género fantástico".
Fuente: Télam

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