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domingo 12 de junio de 2016

¿Es posible el amor si no hay pasión?

La obra protagonizada por Arnaldo André y Marta González intenta encontrarles respuestas a las crisis que vive cualquier pareja. El Señor de las Telenovelas habló con Escenario.

Una pareja que ha transitado 40 años juntos se presenta ante nosotros con situaciones que viven con alegría, enojo o dolor. Allí están ellos mostrando cómo es atravesar el paso del tiempo, los hijos, las crisis personales, la economía familiar, los posibles terceros en discordia y lo que subyace a todo esto es el afecto, el cariño, hasta quizá un modo diferente del amor.

Ellos son Renata y Mariano, o Marta González y Arnaldo André, quienes le ponen el cuerpo a la obra Intimidad indecente, escrita por la brasileña Lelilah Assumpçáo –traducida y adaptada por María Antonieta Eyras–, en la que son dos profesionales destacados, con hijos, que ven que en un momento dado de sus vidas la armonía que creían haber ganado se resquebraja porque entre ellos no hay deseo, no hay pasión.

En esta tercera temporada se presentarán en varios teatros de nuestra provincia, en esta gira que han emprendido porque, al decir del protagonista y también director de la obra, Arnaldo André, "somos felices viajando y estando en contacto con la gente".

Escenario habló con él no sólo de la obra que en los próximos días estará en Mendoza (a partir del próximo jueves, ver aparte), sino de la ficción televisiva en la actualidad, la construcción de un personaje y cómo fue trabajar con el más grande realizador de telenovelas: Alberto Migré.

–¿Qué características destacarías de Mariano, tu personaje?
–Pienso que es un personaje sin ninguna característica muy especial, yo lo veo como cualquier hombre. Le cuesta afrontar una situación, salir al frente con una verdad. Supongo que esa debilidad se relaciona con las consecuencias que puede haber cuando hay una familia de por medio. Me refiero a que él no es el que va al frente y dice: "Estoy mal, me falta la pasión". Ella es la que saca el tema. Creo que Mariano no tiene la valentía, pero hay que perdonarlo porque es una situación muy complicada, muy difícil.

–¿Cómo hiciste para construir este personaje?
–Traté de crearlo a medida que van pasando las décadas en la obra. Quise ir dándole un carácter como el de cualquier hombre que vea en la calle. Es un poco fanfarrón, no significa que todos los hombres lo sean, y miente. Aun cuando la pareja está separada, sigue mintiendo, pero ella también lo hace. La realidad es que cuando uno se encuentra con una ex o un ex no quiere si hay verdades miserables contarlas. Todo lo contrario, quiere hablar de las bondades de la vida.

–¿Es como defender hasta el final la imagen que se creó para el otro?
–Exacto. Dibujé mi personaje como un hombre común, con defectos y virtudes. De hecho la historia nos muestra el cariño que se tienen, se quieren como amigos. A Mariano el orgullo y los años le van dando un carácter un poco hosco, es un poco cascarrabias. Así lo fui pintando a este hombre que va envejeciendo. Yo elegí esto, pero veo y conozco hombres que van envejeciendo y llegan a los 80 o 90 y son muy tranquilos. A mi personaje no lo creé así, lo hice para darle más vitalidad, para que los textos muy graciosos escritos por Lelilah Assumpçáo sean mejor explotados.

–¿Cómo visualizaste a Mariano en el momento en que tiene 8 o 9 décadas?
–Me puse a observar muchísimo, sobre todo por lo físico. No es que paraba gente por la calle, pero cuando empezamos con Marta González a pensar el tercero y cuarto cuadro, donde ellos ya tienen 80 y 90 años, me puse a observar mucho a la gente en la calle, sus rostros, por ejemplo. Y da la impresión de que están enojados, pero no lo están: es la vida que les ha marcado el rostro y lo ha hecho duro. Copié sus actitudes físicas, cómo caminan y demás de gente que he visto transitar por mi barrio. Esta obra no trata solamente de la vejez, sólo en los últimos tramos, pero aquel que ha vivido mucho y sabe que tiene pocas posibilidades de soñar con un futuro le cambia todo: la mirada, el humor sobre todo. Me sirvió mucho observar, que es lo que tenemos que hacer los actores, nutrirnos de la vida misma.

–Describís la situación como si estuvieras viendo pinturas...
–Exacto. Recuerdo mis clases de teatro, cuando era alumno, que nos decían que fuéramos a los museos a observar los cuadros y darles vida a esas pinturas que estaban aparentemente muertas. Teníamos que pensar que hubo un artista que puso su trabajo allí e imaginar esas historias: qué sucedió en esa casa que tiene a su lado un árbol tan grande, por ejemplo.

–A partir de tu personaje, ¿pensás que son las mujeres las que por lo general deciden hablar de los conflictos de pareja?
(Risas) –Supongo que sí, que son más intuitivas y dicen: "Acá pasa algo". La obra empieza con él hablando de que se ha perdido la pasión entre los dos, pero es porque ella le hace un montón de preguntas. Ahí viene el planteo principal de la obra: qué pasa en una pareja cuando hay afecto, hasta amor, pero no hay pasión.

–¿Esto se da en clave dramática o de comedia?
–Lo que siempre digo y quiero aclarar bien es que no es una obra dramática, es muy divertida. La autora tomó la experiencia de vida de dos seres con sus conflictos, pero con mucho humor. La gente no para de reírse y al final sí hay como una descarga: se emocionan y ves lágrimas en los ojos de los espectadores.

–¿Cómo es tu relación con tu compañera, Marta González?
–Con Marta estamos muy felices, vamos por el tercer año con esta obra y nos está dando grandes satisfacciones. Hemos recorrido gran parte de la República Argentina y tenemos mucho por recorrer todavía, porque hay zonas a las que aún no hemos llegado.

–¿Cómo definirías el trabajo con Marta?
–Es un placer trabajar con ella. Es una excelente profesional, muy respetuosa del compañero-director, un gran ser humano y nos llevamos muy bien. Lo nuestro ya es un matrimonio prácticamente, porque compartir tanto tiempo, viajes, comidas, hoteles, hace que uno vaya conociendo más al ser humano y queriendo más a la persona. Nos cuidamos, y me gusta trabajar con ella porque tenemos el mismo concepto respecto a lo que es el trabajo profesional del actor y el respeto hacia el espectador. Nuestra obra, a pesar de que estamos entrando al tercer año, es la misma, no sufre golpes bajos, agregados, chistes entre nosotros.

–¿No hay improvisación?
–Nosotros tenemos un texto inteligentemente escrito por la autora y si vemos que por alguna circunstancia vale la pena agregar un pequeño texto u acción que sirva, que fortalezca, que haga que el espectador se divierta más, lo hacemos. Lo ensayamos hasta que nos guste y queda.

–Para muchos, por su llegada popular, las telenovelas son un gran modo de medir el pulso social. ¿Vos creés lo mismo?
–Sí, totalmente. En las telenovelas se empezó a mostrar el consumo de drogas y sus dañinas consecuencias. Después se mostró la violencia que se genera en la sociedad, desde la doméstica hasta los robos, y el accionar de la policía. Hoy día no se muestra tanto. Creo que ahora en la televisión nos está faltando conocer el género, respetarlo, para poder contar historias mucho más atractivas. No digo que las de hoy no lo sean, pero no tienen el enganche necesario para que el espectador no se pierda ni un solo capítulo, eso que hace que haya rating.

–Hablando de violencia, "Amo y señor", la novela que hiciste con Luisa Kuliok, ¿se podría hacer ahora?
–En aquel momento lo tomamos como un juego, no sabíamos todo lo que podía implicar. Nuestra sociedad ha cambiado la manera de ver las cosas y estamos más conscientes de que la televisión muestra violencia reiterada y puede influenciar a la gente. No era un ejemplo bueno, pero en aquel momento era como un juego, en cada capítulo había una cachetada. Seguramente hoy no se podría hacer.

Las funciones

Jueves 16. A las 22. Teatro Ducal (Lavalle 740, Rivadavia). Entradas de $250 a $350. Horario de boletería: de lunes a viernes, de 9 a 13, y de lunes a domingo, de 18 a 22.
Viernes 17. A las 22. Teatro Plaza (Colón 27, Godoy Cruz). Entradas de $250 a $400. Horario de boletería: de lunes a domingo, de 9 a 18.
Sábado 18. A las 22. Cine teatro Real (San Martín 335 Norte, La Consulta, San Carlos). Entradas de $250 a $300. Horarios de boletería: de lunes a viernes, de 9 a 13 y 17 a 21.
Domingo 19. A las 20.30. Teatro Imperial (Pescara y Perón, Maipú). Entradas: desde $250 hasta $350. Horario de boletería: de martes a viernes, de 9.30 a 12.30. Y desde una hora antes de la función.

Su relación con Alberto Migré
–Hiciste muchas telenovelas con el maestro del género, Alberto Migré. ¿Cómo fue tu relación con él?
–De mucho respeto. Para mí desaparecieron los autores, ahora hay grupos de autores que por ahí no tienen tanta calidad o no son tan talentosos, pero antes la novela era de un autor y Alberto tenía mucho talento. Era confiado, abría el libro, te entregaba el libreto y si tenías dudas le preguntabas. Los actores disfrutábamos muchísimo, porque sabíamos que no estábamos solos, estaba él, estaba atrás.

–¿Qué novelas hiciste con él?
–En Rolando Rivas estuve los últimos tres meses. Después hicimos Pobre diabla, Mi hombre sin noche, Piel naranja y Los que estamos solos.

–Su capacidad no se limitaba a escribir, elegía los actores, se encargaba de la música...
–A propósito de eso recuerdo que en esos tiempos mi representante concertó una entrevista con Leonardo Favio, porque yo quería hacer cine. En un momento de la charla Favio me dice: "¿Sabés quién debería hacer cine? Alberto Migré". Le pregunté por qué y me contestó que los tiempos que él manejaba eran increíbles, eran para cine. Las pausas que marcaba en los libretos, los tonos que quería, cuándo debía entrar la música, en qué momento, qué pasaje de la música debería ir. ¡Y mirá quién lo decía!
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