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jueves 10 de noviembre de 2016

Entre el temor y la valentía de hacer lo correcto

Luego de su exitoso paso por diversos festivales, llega a las salas comerciales La larga noche de Francisco Sanctis, ambientada en la última dictadura militar.

El filme argentino La larga noche de Francisco Sanctis, de Francisco Márquez y Andrea Testa, que versiona un relato de Humberto Constantini publicado en 1984, llega a las pantallas mendocinas tras un extenso y exitoso recorrido por los más importantes festivales.

La producción, que participó en la sección internacional del último Bafici, donde se llevó el premio a mejor película y mejor actuación para su figura central, Diego Velázquez, fue al mismo tiempo seleccionada para la oficial y paralela Una cierta mirada de Cannes.

Una decisión de vida
Con toda la fuerza del relato de Humberto Constantini en que se inspiró, cuenta la historia de un modesto empleado de una empresa mayorista que un día recibe el sorpresivo llamado de una ex compañera de universidad que le pide autorización para publicar un poema suyo de viejos tiempos.

Pero el encuentro tiene otro motivo: la mujer tiene la información de que dos militantes serán esa misma noche desaparecidos por un comando aeronáutico, y para salvarlos tendrá que ir hasta su casa, tocar el timbre y darles la noticia, algo que patea el ordenado tablero de su rutina.

Aquel hombre esperanzado en lograr en la oficina un ascenso cada vez más lejano, que es de los que van "de casa al trabajo y del trabajo a casa", carga con una misión en la mochila que puede comprometerlo, y siente responsabilidad y a la vez miedo de que su pequeño mundo se desmorone.

Los directores rompen el esquema de trasladar el relato tal cual fue escrito y publicado en su momento por Constantini, y eso permite dejar de lado lo literario y meterse de lleno en el cine, es decir, no permitir que por exceso de respeto se traicione el lenguaje de contar con imágenes.

El libro de Constantini es un relato en primera persona del protagonista, algo que implicaba un desafío a la hora de poder encararlo como una película, ya que había que materializar subjetividades, es decir, ser capaces de convertir palabras en imágenes igual de fuertes.

Para el papel central, el elegido fue Diego Velázquez, un actor marplatense que tuvo la oportunidad de encarnar a Erdosain –protagonista de Los siete locos, en la excelente versión de la TV Pública, en 2015, acompañado por Laura Paredes, Valeria Lois, Marcelo Subiotto y Rafael Federman.

Sanctis es un personaje que deambula por una ciudad fantasma, con enigmas que se esconden en cada vuelta de esquina, con gente que observa desde la oscuridad, de la que surgen ruidos difíciles de identificar.

Quizás aquella experiencia le arltiana permitió a Velázquez que su personaje fluyera como un acto de oportuna improvisación, donde mínimos detalles capturados por los cineastas son mucho más efectivos que cualquier discurso posible que explicase su angustia.

"El eludir la voz en off formó parte de la reescritura que hicimos del primer guión; una vez que volvimos a leer la novela nos propusimos confiar en las bondades del lenguaje cinematográfico, sentirlo como un desafío y apostar por la puesta en escena", aseguró Testa.

"El desafío fue en la construcción dramática desde lo narrativo, trabajando escena por escena, cómo este personaje se iba desenvolviendo en el espacio, y todo el tiempo nos preguntábamos qué era lo que podía no estar diciendo", explicó acerca de una de las virtudes del guión.

Para Testa "Lo que aparece en la novela es el destino del personaje: lo que queríamos era que se resaltase la voluntad y la acción de él, de ir a buscar respuestas, las posibles soluciones al conflicto, y entonces en un momento, el diálogo con la novela desapareció".

La larga noche... es un filme acerca del compromiso y la angustia, la ética como expresión de qué es bueno o malo según el comportamiento humano, una exposición que profundiza en aquello del "no te metás" cuando algo fuerza a "meterse" a pesar del costo.

"Queríamos dialogar con ese hombre común y sus contradicciones y miedos, con este momento en su vida que no se siente cómodo, en su cotidianeidad, y este conflicto que se le aparece de poder hacer un acto heroico no le permite quedarse inmóvil", señaló Testa.

Los cineastas logran su meta de hablarles a todos los Francisco Sanctis potenciales, es decir a ese perfil de gente común que suele dudar a la hora de tomar decisiones importantes, pero que una vez que entra en la inercia de rumbear a la meta lo hace porque debe hacerlo.

Otro acierto clave fue la elección de los escenarios, su departamentito, la oficina tan parecida a la de La tregua, el cine de barrio, el billar, los callejones, el taxi que emprende un largo recorrido cada vez más lejano donde se supone detrás de las paredes hay vida, y que se hace interminable, insoportable.

La acción discurre en una Buenos Aires real pero fantasmal: "no es una película realista, sino que intentamos crear una sensación con todas las herramientas puestas en función de eso, de lo que le está pasando a él, esos lugares en donde nunca se siente cómodo", dijo acerca de esa incomodidad que transmite, pero está absolutamente justificada.

larga noche



Fuente: Télam

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