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domingo 07 de agosto de 2016

En un mes vendrá con El farmer al Independencia

El 17 de setiembre Rodrigo de la Serna va a presentar en el teatro Independencia , junto a Pompeyo Audivert, El farmer y así él describe, apasionadamente, lo esencial de esta obra.

"El farmer es un libro de Andrés Rivera, uno de los grandes escritores argentinos de todos los tiempos y es la adaptación que hacemos con el maestro de actuación, dramaturgo y teórico del teatro Pompeyo Audivert, que muestra los últimos instantes de Juan Manuel de Rosas, en ese destierro padecido durante 25 años. Él pierde la batalla de Caseros, se ve obligado a exiliarse y el único país que lo recibe es precisamente ese que él combatió en la Vuelta de Obligado, Gran Bretaña".

–Toda una paradoja...
– Sí, un poco siniestra, ¿no? En ese paraje, en una granja muy pobre, muerto frío, de hambre y de resentimiento, con la sola compañía de una perra y un bracero, durante 25 años, en sus últimos instantes, en su recapitulación final, cuando se abre ese umbral hacia la muerte, se le aparece su doble, su doble mítico. Es lo que hicimos con Pompeyo, escindir ese organismo Rosas en dos cuerpos: el físico decadente y el espiritual, el que nace a la historia cuando muere su doble físico. Allí se desatan cuestiones metafísicas que están sugeridas en el mismo libro de Rivera. Rosas interlocuta con Sarmiento, con Lavalle y también consigo mismo, es allí donde metimos la cuña de la operación teatral. Mi personaje es ese fantasma que lo viene a visitar, es también un emisario de la muerte y también me transformo en sus proyecciones oníricas. Yo soy barro de sus pensamientos y de sus recuerdos, entonces cuando él recuerda a su hija Manuelita, yo me transformo en Manuelita, o en los peones galeses que le hacen la vida imposible en ese rancho. Es una dinámica muy teatral.

–Suena muy exigido también...
–Sí, muy exigido. El viejo que hace Pompeyo es alucinante, patético y resentido como lo encarna, es brillante. Pompeyo es hoy uno de los representantes más puros del grotesco argentino, de los pocos que quedan de esa gran tradición de actuación que tenemos los argentinos. Y yo tengo la responsabilidad de ser el mito o el fantasma de Rosas.

–¿Va más allá de mostrar el costado violento de Rosas, que prevaleció mucho tiempo en la historia?
–Eso sucedió porque los que escribieron la historia argentina fueron los vencedores de Rosas. Hay una declaración de Nicolás Albarellos, que fue un diputado del año 1872, que nosotros ponemos en el programa, que decía que a Rosas había que enrostrarle la condición de "traidor a la patria" y hacerlo odiar en las escuelas, porque si no iba a pasar a ser el argentino más grande de todos los tiempos. Por eso San Martín le lega su sable a Rosas. Es algo que sucedió, que fue real.
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