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domingo 22 de mayo de 2016

En su debut en Mendoza lo fueron a ver ocho personas

La anécdota de Pepe Cibrián Campoy

En mi país me tratan con ternura, con amor, también por el recuerdo de mis padres. Desde que tuve razón, cuando iba con ellos de gira, de chiquito, Mendoza ha sido una provincia –y sobre todo, una ciudad–, que con sus acequias y sus veredas me vuelve loco. Me enamora, la gente es deliciosa. El público es muy observador, muy atento.

Recuerdo la primera vez que hicimos Drácula: no aplaudieron casi nada. Entonces me dije: "Joder... no les gustó nada". Cuando terminó fue un delirio. Es que tienen otras formas y ahora ya sé que son así.
Yo debuté en Mendoza – yo, osado– a los 19 años, pensando que era alguien, porque era hijo de Cibrián y la Campoy.

Entonces armé un unipersonal, con un guitarrista encantador, un unipersonal muy de protesta, con Miguel Hernández, poemas... Llegamos a Mendoza ¡y tuve la osadía de pedir el Independencia!

Llegué al hotel con muchas valijas. Eso me divertía, porque siempre he sido muy faraónico, como si me fuera a quedar ocho años, cuando iba por un solo fin de semana. Me llevé más ropa que nadie.

El primer día de función había ocho personas, por lógica, ¿por qué iba a haber alguien? Me acuerdo que después fui a Rosario y no fueron ni los ocho que me fueron a ver en Mendoza, nadie, no pude ni ir al teatro.

Esto lo entiende uno ahora, por eso esa gente joven –o no tan joven– que tiene un éxito comercial a través de esta "tinellización", no entiende que el aprendizaje viene desde esas sensaciones, porque eso no fue fracaso para mí.

Como me dijo un gran empresario: "Pepe, vos nunca fracasaste, porque nunca tuviste éxito". ¡Y es verdad, tenía razón! Me iba mal, que es distinto.

Ahora, cuando hice Aquí no podemos hacerlo y fue mi primer éxito, ahí sí podía fracasar. Entonces, en esa mágica ciudad de Mendoza, yo sufrí, claro, aunque no me enteraba de nada porque era un imbécil. ¿Por qué iba a querer verme alguien? ¿Por qué vas a ver a un médico que recién se recibe? Un día va un paciente, y si le gusta mucho, lo recomienda a dos y después a cuatro y así el médico con los años tiene un crédito y una clínica quizás.

Yo triunfé con Drácula a los 43 años y venía de 20 años de luchar. En la realidad, como en el arte, todo es cuestión de tiempo.
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