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domingo 09 de julio de 2017

El señor de la comedia argentina en el cine

Ariel Winograd acaba de estrenar Mamá se fue de viaje, con los protagónicos de Diego Peretti y Carla Peterson, después de éxitos como Permitidos y Sin hijos. Todavía le queda un sueño por cumplir: dirigir en un filme a Adrián Suar

El cineasta argentino Ariel Winograd viene trabajando desde hace una década en su singular forma de encarar la comedia como tema en el que la familia tiene protagonismo absoluto, como ocurre en Mamá se fue de viaje, que tiene como figuras centrales a Diego Peretti y Carla Peterson, una historia que gira alrededor de padres e hijos y que se estrenó el pasado jueves.

Cara de queso (mi primer ghetto) fue sobre la adolescencia; Mi primera boda, acerca de un casamiento, la excepción a la regla; Vino para robar (filmada en nuestra provincia); después Sin hijos, acerca de un padre separado y con una hija que intenta rehacer su vida; Permitidos, acerca de una pareja veinteañera, y finalmente esta, acerca de los 40 y poco más.

El guión, de Mariano Vera, tiene como eje a una madre cuarentona de cuatro hijos que, dedicada a la crianza de estos y a las tareas domésticas, pone en aprietos a su marido conservador y en buena medida machista, al dejarlo a cargo de los niños durante el tiempo que ella piensa necesario para abrir un paréntesis de su agobiante rutina.

Winograd, que también contó con las actuaciones de Muriel Santa Ana, Martín Piroyansky, Guillermo Arengo, Pilar Gamboa, Maruja Bustamante y Mario Alarcón, así como con la fotografía de Félix Monti, habló de su deseo de dirigir alguna vez a Adrián Suar y de lo que significa para él ser un hacedor de comedias.

–¿Qué tanto tiene que ver esta historia con vos mismo?
–El 23 de agosto cumplo 40. Después de filmar Sin hijos, donde ya tuvimos la grata experiencia de trabajar con Diego, producida íntegramente por Patagonik, y de Permitidos, surge una posibilidad de dirigir un guión ajeno, pero con el que me sentí completamente identificado, que es algo fundamental para que me enganche con una propuesta. Estoy en el momento en el que puedo entender perfectamente al personaje y poder aportar a la historia muchas cosas desde mi lugar como realizador.

–¿Tenés la necesidad de identificarte en algún punto de la historia?
–Después de tener hijos este es un tema con el que me siento mucho más identificado. Seguramente cuando hice Permitidos fue algo así como viajar en el tiempo para encontrarme con algo de mi propio pasado. En este caso en particular se da que, además, actúa uno de mis hijos. Se dio de una manera natural, con conciencia de saber el paño de lo que estaba sucediendo, de poder decir que puedo identificarme o no con los personajes, y que más allá de esto lo que se cuenta es verdad.

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–¿Qué tanto de drama puede esconderse detrás de una comedia?
–Cada uno se ríe de diferentes cosas, pero hay algo que está ligado a la sustancia de la historia que tiene que tener un contexto emocional en los personajes, para que no sea una comedia chata que no puede explicarse. Siento que a la hora de construir este personaje de Diego, a diferencia del de Sin hijos, donde el protagonista estaba divorciado y quería volver atrás en el tiempo para sentirse más joven, este es uno más chapado a la antigua, un minimizador de lo que son las tareas del hogar, y muchas veces me ponía a pensar lo contrario de lo que yo haría, algo que lo hace muy divertido.

–Peretti es como uno de esos grandes comediantes del cine estadounidense...
–Para mí tiene una versatilidad muy grande, con la que puede trabajar la emoción y la comedia, en el mismo momento, en un mismo personaje, y puede entender la comedia como un instrumento al servicio de la película. Para poder lograr eso tiene que tener un bagaje adentro muy importante. La construcción de este personaje fue muy larga y confiaba en su capacidad de mejorarlo permanentemente. Tiene un uso de su cuerpo y sus facciones, que en un plano corto ya te está contando algo.

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–Es muy importante la presencia de los chicos en el relato...
–La película tiene algo que no se ve, y que es mejor que no se vea, que es la paciencia enorme que hay que tener para trabajar con cuatro actores niños o poco más, en un relato donde no es filmar una toma y listo, sino pensar en que se debe rodar y después editar pero que no falte nada.

–¿Y Carla Peterson?
–Lo de Carla estuvo muy ligado al personaje. Poco antes del rodaje ella estaba en Estados Unidos acompañando a su marido, Martín Lousteau, entonces nuestro embajador allí. Nuestros primeros encuentros fueron por Skype, nos conocíamos muy poco socialmente de antes, y cuando comenzamos con el intercambio me di cuenta que era perfecta para el personaje de este guión. Acordamos un tiempo de rodaje muy limitado, nada más que diez días.

–¿Cómo fue el trabajo con los chicos?
–No me cabe duda de que fue muy bueno contar con el talento de María Laura Berch como coach de elenco juvenil, una experta a la que hay que llamar para todas las películas donde hay niños. Es un poco madre, amiga, y tiene eso de pensar qué es lo que les pasa a esos chicos en la historia. Hubo un casting enorme porque además tenían que tener ciertos rasgos parecidos a alguno de sus padres de ficción.

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–¿Cómo ves la comedia en el cine argentino de hoy?
–En Estados Unidos hay una larga tradición de stand up, muchos de esos comediantes más tarde famosos salieron de Saturday Night Live, y quizás por eso ahora que hay tanto stand up aquí, creo que se está formando una nueva tradición de comedia. Espero que pronto puedan empezar a tener sus ramificaciones, actores que se puedan sumar al cine. En cuanto al cine de comedia aquí me siento un privilegiado, poder haber hecho en los últimos tres años tres películas, y sé que no es algo muy frecuente. Hacer cine no es sencillo y no siento que haya una ola de comedias. Las comedias están más ligadas a los actores que a los directores.

–¿En materia de comediantes, hay alguno en quien pensás?
–Ya hice seis comedias y ninguna con Adrián Suar. Me gustaría hacer una con Adrián, es un gran comediante.

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