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miércoles 15 de junio de 2016

"El eslabón podrido", drama rural que revela la violencia en torno a la explotación sexual

Valentín Javier Diment es el director y uno de los actores de "El eslabón podrido", un inquietante drama rural protagonizado por Luis Ziembrowski, Marilú Marini y Paula Brasca.

Valentín Javier Diment es el director y uno de los actores de "El eslabón podrido", un inquietante drama rural protagonizado por Luis Ziembrowski, Marilú Marini y Paula Brasca, que se estrena mañana y revela los secretos que envuelven a un pueblo perdido en lo recóndito de la provincia de Buenos Aires, donde un día se rompe violentamente el régimen de abuso y explotación sexual en que se basaba la vida más o menos pacífica del lugar.


Premiada en los recientes festivales fantásticos de Sitges, Bilbao y Porto Alegre, la nueva película del autor de "La memoria del muerto" transita el camino grotesco y truculento de ciertos cuentos de moralejas, generando a medida que avanza un clima de angustia y podredumbre humana, extraña y ominosa, que se va espesando hasta llevar al relato y a los personajes a una explosión de sangre y asesinatos.

Diment, que en el filme interpreta a un cura, traza un paralelo entre la vida en ese pequeño pueblo olvidado y la sociedad capitalista, donde muchas veces los abusos son moneda de cambio: "A mí me interesa el tema del abuso y la trata es una de sus formas, al igual que el hecho de manipular y menospreciar a un joven por el sólo hecho de ser bobo. Hay algo del abuso que está en el eje de la historia".

"El problema es que cada uno se relaciona con la condición del otro, en lugar de hacerlo con la persona. Es decir, no ven a la persona que hay detrás de un bobo o de una joven obligada a prostituirse. Eso permite el entramado de abusos que es la sociedad capitalista. Y me parecía interesante ver cómo ese entramado le sirve a quienes detentan el poder", afirmó a Télam el cineasta.

Diment precisó que ese poder lo logran los poderosos "a través del lenguaje, con su discurso, su capacidad para generar estrategias y planes, mientras que en el otro extremo está el bobo que no tiene acceso a la razón. Como los poderosos acentúan esa ignorancia irracional, los que no pudieron acceder a la razón explotan de la forma menos pensada. Es ese abuso el que produce una respuesta inexplicable y bestial".

Así se refiere Diment al tremendo desenlace de "El eslabón podrido", una verdadera orgía de sangre y muerte, que explota a raíz del sufrimiento que la decadencia e hipocresía de los vecinos genera en los miembros de una familia endogámica: Raulo (Ziembrowski), leñador, retrasado mental, de unos 50 años; Ercilia, su madre (Marini), una curandera senil; y su hermana Roberta (Brasca), la prostituta joven y favorita del pueblo.

"Hay un punto donde esta película tiene mucho de drama rural o de una especie de cuento para adultos donde el terror se desprende del cuento y no de la búsqueda de generar situaciones efectistas propias del género. Lo primero que surge como intención es la necesidad de contar esa familia tan particular y endogámica, con una madre potentísima y dos hermanos que son entre ellos su único refugio", explicó Diment, que incluyó a Germán de Silva, Susana Pampín, Luis Aranosky, Lola Berthet y Sergio Boris en su elenco.

El director señaló que "dentro de un pueblo aislado esa familia también está aislada, es un sistema de células donde se reproducen los movimientos de aislamiento. Eso me permitía contar situaciones de misterio, tener que ir develando situaciones extrañas, y me llevaba con un pulso firme a un desenlace extraño. Es una historia de venganza que plantea un conflicto moral y ético en el espectador".

Lo que más le interesaba a Diment era hacer pasar al público "por una gran variedad de arcos emotivos. Cada escena esconde algo detrás, pasando por distintas texturas emotivas, desde una ternura muy grande hasta situaciones muy truculentas. Y atrás de lo truculento hay una vida. Dejarlo de lado es poco inteligente, porque como la vida misma todo -incluyendo a lo truculento- está mezclado dentro de las personas".

En el cuarto largometraje del director, el eslabón podrido de esta comunidad -el lugar por donde la cadena se corta inesperadamente- es la hermana de Raulo, la joven y bella prostituta deseada por todos, que se rebela contra el sistema imperante y lo resquebraja hasta hacerlo explotar en mil pedazos, justamente cuando por consejo de su madre moribunda decide no acostarse con uno de los habitantes del pueblo.

"Si vos no entrás al clima y al pequeño mundo que propone cada situación te quedarías afuera de algunas cosas. La idea es proponer al espectador una invitación a ese mundo y contar la intimidad enrarecida de los habitantes de este pueblo. Hay una intimidad cotidiana y vital, y lo importante es que entremos a ella porque detrás de ella entraremos a la verdadera historia", señaló el autor de este filme sobre secretos, abusos y venganza.

En relación a su actuación como un cura, Diment -que ya había interpretado otros papeles en películas suyas y en las de otros directores- sostuvo que "no era mi intención de entrada, tenía otro actor previsto, pero tuve muchas complicaciones de producción y llegado el punto, sobre la hora, recurrí a la posibilidad de hacerlo yo, porque me permitía ahorrar mucho dinero también".

"Si bien no tengo muchos recursos actorales, creo que mi cara funcionaba bien para el personaje, por lo cual me animé a hacerlo. Me divertí, aunque fue un poco inconsciente, un poco jugando. Además, me dieron una mano un par de directores en la previa para armar una base del personaje y no tener que ir buscándolo durante el rodaje", reveló.
Fuente: Télam

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