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lunes 29 de agosto de 2016

El erotismo de la pelea

Leonardo Sbaraglia encarna a un boxeador en Sangre en la boca, una de las películas con más sexo de los últimos años. Ya está en los cines.

A los 46 años y con una trayectoria que incluye medio centenar de apariciones en el cine de diversos países y en la televisión, Leonardo Sbaraglia aceptó uno de los desafíos más importantes de su carrera: interpretar en Sangre en la boca a un boxeador al filo del retiro que no duda a la hora de apasionarse por una aspirante a púgil que lo enfrenta a su propia verdad.

Sangre en la boca, que se estrenó el jueves pasado, es el cuarto largometraje de Hernán Belón, el cineasta que hace 20 años sorprendió en Historias breves 2 con su cortometraje Aluap, que lo mostró como uno de los más prometedores jóvenes cineastas de aquella camada.

Además de Sbaraglia, Sangre en la boca tiene como figuras centrales a la ascendente Eva de Dominici, la actriz de teatro, cine y televisión italiana Erica Bianchi, Osmar Núñez y Claudio Rissi.

Sbaraglia es consciente de que más allá de las escenas a los golpes que él mismo protagoniza, incluso con De Dominici, o las de intenso dramatismo, las que seguramente más influirán en el boca a boca tras el estreno son aquellas que el boxeador tiene en la intimidad con esa veinteañera del interior que le rompe la cabeza y lo enfrenta a más de un dilema.

–¿Cómo creaste el personaje?
–Me metí mucho a ver boxeo de grabaciones, igual que cuando hice Al final del túnel; como Javier Bardem, en Carne trémula, o Tom Cruise, en Nacido el 5 de julio. Como es lógico, el trabajo principal se trata de componer tu propia versión, a partir de volver a mirar a Robert De Niro en Toro salvaje.

–¿Fue difícil hallar el fisic du rol?
–Encontramos un personaje que no cae en el estereotipo. Creo que ayuda mucho esa nueva cosa de Maravilla Martínez, que parece más un modelo que un boxeador clásico y eso ayuda un poco a desmitificar el tema.

–Muchos engordan para interpretar a un boxeador, vos no...
–El papel en verdad pasa por la composición, por la gestualidad. Lo lindo es que con Hernán atípicamente tuvimos bastante tiempo para ir pensándolo, trabajando, ir probando. Fundamentalmente, por el tema del entrenamiento, cuatro meses, te van cayendo gotas de ese entrenamiento para lo que es el trabajo actoral. Trabajamos mucho con La Joya Chávez, con Fernando Muñoz, mucho y muy duro, que te engancha. Construir un cuerpo así te hace sentir más fuerte, más vital, y a lo que es funcional al trabajo del personaje, era muy importante lograrlo.

–Hay un tema físico y otro muy vinculado que es emocional...
–Pasa por el conflicto de un hombre. Uno se podría quedar en la idea de un deportista que efectivamente tiene una vida útil limitada, como los tenistas o los mismos futbolistas, a diferencia de los cirujanos o los actores. Hay como una especie de omnipotencia, de que el tipo que ha hecho toda su vida puede seguir haciéndolo. Eso no lo entiendo, porque en mi profesión eso no ocurre.

–¿Cuál era la clave?
–Tuve que tratar de imaginar lo que le ocurre a un tipo, que estaba acostumbrado a pegar, a generar situaciones en donde tu única herramienta es el cuerpo, que tiene que golpear y recibir golpes, y cada golpe es como chocar con un camión, un chispazo eléctrico que te hace caer el sistema. Belón nos veía tan entusiasmados que por momentos, incluso improvisábamos, como si fuese de verdad.

–Hay un mensaje claro...
–La película pone todas esas cartas sobre la mesa, no te dice cómo tenés que pensar, pero pone estos interrogantes que son de todo el mundo, los que aparecen frente al paso del tiempo y las relaciones de pareja. Como dice Hernán, si El campo habla de la relación en una etapa de una pareja, en esta también hay una reflexión alrededor del tema de las relaciones.

–Esta vez te toca estar junto a dos actores de peso como Osmar Núñez y Claudio Rissi...
–Con Osmar nos conocimos hace más de 25 años, hicimos teatro en el Payró juntos, Calderón, de Pasolini, y siempre nos tenemos mucho afecto y respeto. Fue hermoso poder volver a trabajar con él por primera vez en el cine, y con Claudio habíamos hecho alguna cosa en la tele, siempre un enorme respeto y admiración.

–Y de Eva, ¿qué nos podés decir?
–Eva es una de las nuevas grandes estrellas, tiene todo para hacer una gran carrera: es bella, es libre, arriesgada, generosa, tiene un enorme talento. Hay pocas actrices que tengan el potencial tan enorme que ella tiene. Una gran versatilidad y ojalá siga enhebrando su carrera como creo que lo va a hacer. Además canta hermoso.

–¿Cómo se encaran las escenas de sexo?
–Pusimos mucho énfasis en las coreografías de violencia del boxeo y la geografía del sexo. Y se puso mucho énfasis en eso. Yo creo que fue mucho más difícil para Eva que para mí, porque estoy más curtido, he hecho muchas escenas de este tipo.

–¿Alguna vez te 'tensionó' este tipo de escenas?
–Para mí lo más difícil en mi vida que he hecho en ese sentido fue Aire libre, porque no había de dónde agarrarte, pura deserotización, era crudo, mostrar el defecto no lo bello. En este caso, yo ya tenía hecho el cuerpo en relación al personaje, no erótico también. Para la mujer, siempre es más difícil porque tienen más zonas expuestas. Ella lo enfrentó con una gran libertad y lo que hicimos fue establecer una relación de mucha confianza, muy importante, y eso es todo. Mucho más que la confianza con el director.

Dominici Sangre en la boca

–¿Cómo se charlan estas escenas con mucho sexo?
–Existe la intención de un consenso. Hay actores que lo ponen por contrato. En Argentina, en general hay una especie de consenso, y hay actrices que han decidido no hacer algunas películas por eso. En este caso la que más vulnerable tenía este asunto era Eva y lo afrontó diez puntos. Está bueno que esas escenas funcionen.

–¿Cómo medís el desafío que significó este personaje?
–En estos últimos años me han tocado personajes al límite, Al final del túnel, el villano en la última de Adrián Caetano, parece que estoy en una edad en la que me siento más libre para hacer cualquier cosa. La primera traba está en uno mismo, está buenísimo poder tener esta cosa pendular de irme hacia un lado o hacia el otro.
Fuente: Télam

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