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domingo 03 de julio de 2016

El dueño del Empire State

El cine que no viste

En la década del '30 del siglo pasado, Estados Unidos sufría una crisis económica que había devastado a millones de personas. Y los estudios cinematográficos no eran la excepción.

Uno de ellos, RKO Pictures, comenzó a suspender el rodaje de películas que consideraba no iban a ser rentables, porque estaba al borde de la bancarrota.

Pero un proyecto los alentaba: el de los directores Merian Cooper y Ernest Shoedsack, que se estrenaría en 1933 con el nombre de King Kong.

A lo seguro
La historia del cineasta que viajaba con la hermosa actriz Ann Darrow (interpretada por Fay Wray) a la isla Calavera para tratar de filmar al gigantesco simio era muy atractiva para los estudios.

Para crear a King Kong recurrieron a un maestro de la técnica denominada stop motion (movimiento de objetos por medio de una serie de imágenes sucesivas): Willis O' Brien, quien ya se había destacado en la película El mundo perdido (basado en un relato de Arthur Conan Doyle) "reviviendo" a los dinosaurios.

Junto con el escultor Marcel Delgado diseñaron la mano gigante del gorila (la que sostenía a su amada humana) y la muralla que lo separaba de los nativos, además de seis modelos diferentes de King Kong para diversos momentos del filme. Parte de los decorados se reutilizaron en la escena del incendio de Lo que el viento se llevó. Eran épocas de crisis y había que ahorrar en todo.

Esquivando la censura
El famoso Código Hays, que disponía qué es lo que se podía o no mostrar en las pantallas de cine norteamericano no sólo con respecto a lo ideológico, sino también en cuanto a sexo y violencia, fue publicado en 1930 y entró en vigencia en 1934, con lo cual el estreno de King Kong se salvó inicialmente de sus recortes. Las muertes violentas y sobre todo la tensión erótico-amorosa del simio con la rubia protagonista no podían pasar desapercibidos y por ello en sus sucesivos reestrenos, (1938, 1941, 1952 y 1956) la película sufrió varios recortes, pero nada impidió, desde el momento del estreno, que se convirtiera en un éxito de taquilla que no sólo salvó a RKO de la quiebra, sino que le dejó jugosas ganancias.

Con el tiempo, la escena de King Kong en la cima del Empire State se convirtió en parte de la historia del cine. Cuando Fay Wray murió, en 2004, las luces del emblemático edificio se apagaron durante 15 minutos, en señal de respeto.

La película tuvo varias secuelas, como El hijo de King Kong en el mismo año, para aprovechar el éxito, y otras donde el enorme simio luchaba nada más y nada menos que con Godzilla, en una película japonesa de 1962 con dos finales: en la versión nipona, el triunfador era el local Godzilla, pero en la que se estrenó en Estados Unidos, de la batalla en las aguas del Pacífico sólo emergía King Kong.

Hubo también remakes: la de 1976, producida por Dino de Laurentiis, y la de 2005 de Peter Jackson, ambas sin demasiado brillo. Pero aunque parezca increíble la Warner planea revivir la batalla entre Godzilla y King Kong en una película que se estrenaría en 2020. El enorme rey de las pantallas de Hollywood por ahora no piensa en retirarse.
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