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domingo 22 de mayo de 2016

El amo y señor de Titanes en el Ring dejó su sello en el Este

La troupe de Martín Karadagián pasó un domingo de mayo de 1973 por Palmira y cautivó a chicos y grandes. En su momento de mayor éxito, estuvo también en Andes Talleres y en el Pedal Club de San Rafael

Daniel todavía era un niño pero, como hermano mayor, debía asumir la responsabilidad de cuidar a su hermano e ir a la cancha con él. Esa mañana, de domingo de mayo de 1973, hacía frío y el sol no lograba vencerlo. Apenas lo moderaba. "Había mucha gente", recuerda.

"¿Cuál es tu recuerdo más vívido de ese día?", pregunta el periodista de Diario UNO. "Que después del espectáculo, le hicieron un asado a todos, atrás de la tribuna que da a las vías, y yo estuve al lado del Ancho Rubén Peucele". Porque ese domingo, según cuentan los memoriosos, pasó por Palmira Titanes en el ring.

La troupe de Martín Karadagián, pasó ese domingo de mayo por Mendoza y la primera parada fue la ciudad jarillera. Luego, a la siesta, hicieron una presentación similar en Andes Talleres, y por la noche estuvieron en el Pedal Club, en San Rafael.

Cuando se consulta sobre ellos, los recuerdos se confunden. En parte es porque algunos vieron a los luchadores en esa gira y otros los vieron el noviembre del año siguiente, que hizo centro en el Mocoroa Boxing Club.

Pero los recuerdos se confunden también, porque cada quien guardó especialmente la imagen de su ídolo y casi no recuerda los detalles de tiempo, lugar y entorno.

También es cierto que Titanes en el ring fue un espectáculo creado por Karadagián en 1962 y que, con intermitencias, se mantuvo hasta 2001 (10 años después del fallecimiento de su creador y ya lejos de la popularidad que supo tener) y cada cual recuerda épocas diferentes que coinciden con su propia niñez.

Por Titanes pasaron más de 100 luchadores y una treintena de personajes secundarios, que cautivaron a niños y no tanto.

Sin dudas, el momento de más éxito fue la primera mitad de la década del '70, cuando estuvieron en Mendoza. El Caballero Rojo, La Momia, La Momia Negra, Pepino el Payaso, Ulises el Griego, Hippie Hair, el Gitano Ivanoff, Tufi Memet, el Vasco Guipúzcoa, el Ancho Peucele y el mismo Martín Karadagián fueron los más populares y los que estuvieron ese mediodía en Palmira.

A esos hay que sumarle los actores que estaban debajo del ring: El Hombre de la Barra de Hielo, Joe Galera, La Viudita de las Flores Rojas y el relator Rodolfo Di Sardi, entre otros, que también fueron rotando, igual que los luchadores.

La hija intentó seguir sus pasos
Martín Karadagián fue creador y amo y señor del show. A pesar de que hubo muchos intentos, jamás nadie pudo igualar su éxito, ni siquiera su hija, que intentó continuar con Titates después de su muerte.
Nació en Buenos Aires en 1922, de padre armenio y madre española, y aprendió lucha grecorromana desde niño. En 1938 obtuvo el título mundial de la disciplina, en su categoría, e incursionó en cine, interpretando a un luchador. Las cámaras lo sedujeron y luego de una participación breve con Alberto Olmedo en el filme Las aventuras del Capitán Piluso en el castillo del terror, creó Titanes en el ring y firmó contrato con Canal 9 de Buenos Aires.

El gran acierto de Karadagián fue dividir a sus luchadores (mitad deportistas y mitad actores) en buenos y malos. Karadagián, según su capricho y la época, cumplió los dos roles.

Como dueño del show, que funcionaba tal cual un circo, cuentan que Karadagián no era buen pagador y solía tener serios problemas con sus luchadores. Muchos se revelaron e intentaron montar sus propios espectáculos, pero también la mayoría regresó con Martín después de fracasar rotundamente.

En la ciudad jarillera
Ya nadie recuerda bien quién logró que Titanes en el ring se presentara en la ciudad ferroviaria. Lo más posible es que la troupe haya pasado por allí gracias a la gestión de un promotor provincial (algunos mencionan a don Paco Bermúdez), que haya incluido ese punto en la gira.

Algunos recuerdan que en los alrededores de la cancha se habían instalado vendedores ambulantes que ofrecían remeras con las caras de sus héroes (el Caballero Rojo es todavía el más mencionado) y que en ese tiempo se había lanzado un long play con las canciones del espectáculo.

A Karadagián le amputaron una pierna en 1984, por diabetes. Murió el 27 de agosto de 1991, por un paro cardíaco. Atrás suyo dejó una leyenda. En realidad, dejó muchas. La que cada niño tejió cuidadosamente y guardó en su memoria.
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