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domingo 19 de junio de 2016

Don Llaver recuerda el revuelo que causó Sandrini en Junín

Con sus lúcidos 83 años, este médico rural cuenta cómo se gestó el rodaje que terminó en el protagónico del actor. La película El diablo metió la pata se filmó en apenas dos semanas y su guión fue retocado por este juninense

Fue la última película que dirigió Carlos Rinaldi, la última que escribió Ulises Petit de Murat y su protagonista, el magistral Luis Sandrini, murió apenas tres meses después de su estreno. Se podría decir que "el diablo metió la pata", si no fuera porque su rodaje quedó en la historia de Junín.

El verano invadió un territorio que no era suyo, el de la segunda mitad de noviembre. Era 1979 y todos recuerdan esos días agobiantes. En Junín recuerdan bien ese detalle. Esas dos semanas Luis Sandrini, quizás el Gardel del cine argentino, estuvo rodando allí uno de sus últimos largometrajes.
Lo que pocos saben, lo que no figura siquiera en los libros de la historia del cine y que es fácilmente comprobable viendo la película, es que el médico rural, el médico del pueblo Víctor José Llaver, fue el involuntario responsable de todo.

"Yo viajaba seguido a Buenos Aires y en uno de ellos conocí a Carlos Rinaldi y tuvimos una gran empatía", dice hoy, con sus lúcidos y activos 83 años. A partir de allí, en cada viaje, los amigos se juntaban. "Él ya estaba retirándose y quería conseguir financiamiento para hacer su última película, que quería que fuera sobre la vida de Gatica", recuerda el médico. "Eso no prosperó, pero, en cambio, le ofrecieron financiarle una película, con la condición de que el protagonista fuera Luis Sandrini", añade.
Uno de los encuentros de Llaver con Rinaldi coincidió con una reunión entre el director y los productores. "Yo me senté en un sillón, mientras ellos discutían. El problema era que Sandrini ya había hecho todos los personajes: cura, comisario... y no sabían qué hacer. Entonces, yo les dije: '¿Por qué no lo hacen hacer de médico rural?'. Les encantó la idea", recuerda. Además, les propuso que bien podía ser su Junín, el lugar del rodaje ya que "todos en el pueblo iban a querer ayudar y no iban a tener gastos en alojamiento, comidas ni nada de eso", relata.

Con esa idea, los productores contrataron a Ulises Petit de Murat para escribir el guión. "Lo metieron en un hotel y en dos semanas lo tuvo listo", recuerda Llaver.

Cuando en Junín se enteraron, "todos se entusiasmaron", dice Quico (así lo llaman a Llaver), "desde el intendente Oscar Martínez (un odontólogo) hasta el padre Constantino Spagnolo (el párroco)".
En noviembre, cuando las cámaras y los actores llegaron a Junín, todo fue un gran revuelo. Para ver a Sandrini hasta habían cortado la calle.

Llaver cuenta: "Rinaldi, apenas llegó, me hizo leer el libreto. La verdad, no me gustó y había muchos errores sobre la práctica médica". En pocas horas Llaver hizo todo lo que pudo para corregirlo. En la película queda en evidencia la urgencia con la que escribió el libreto Petit de Murat y los cuidadosos detalles que aportó Llaver al personaje del doctor Antonio Mastrángelo, que interpretó Sandrini.
El famoso Sandrini se hospedó en un coqueto chalet ubicado en una finca de la calle La Legua, cerca de Medrano, que fue cedido por su dueño, Pedro Canullo. También fue locación de varias escenas.
Además, se filmó frente a la iglesia de Barriales, en la escuela técnica de Junín, en el viejo hospital Saporiti, en el Carrizal y en Potrerillos.

El filme, que primero se iba a titular Yo elegí mi destino, después Don Antonio y finalmente, recibió el de El diablo metió la pata, se rodó en apenas dos semanas.

Don Luis ya no estaba bien de salud. Llaver recuerda: "Yo mismo tuve que atenderlo, cuando rodaba una escena en el laboratorio de la escuela y tuvo un pico de presión". Incluso el enfermero Dante Dolores (Cacho de los dolores, lo llamaban en Junín) pidió licencia en el viejo hospital Perrupato y se dedicó al cuidado exclusivo de Sandrini.

"La mujer de Sandrini (Malvina Pastorino) nos agradeció después por cómo lo atendimos", recuerda el doctor Llaver.
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