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domingo 30 de julio de 2017

Bodas de oro para celebrar el humor

Les Luthiers. Galardonado en mayo con el premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades, el grupo trae la semana próxima a Mendoza su antología Gran Reserva PAGS. 2-3

No es fácil transitar 50 años en un proyecto artístico y menos aún que este haya alcanzado popularidad en diversos países del mundo. Más inusual es todavía que esas cinco décadas hayan estado destinadas a llevar el humor en cada una de sus escalas.

Eso es lo que ha conseguido Les Luthiers, que en sus bodas de oro en el escenario llega a presentar Gran Reserva el 3, 4 y 5 de agosto, siempre a las 21.30, en el Arena Maipú Stadium.

Este es el espectáculo número 37 del emblemático grupo, que en mayo fue galardonado con el premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2017, que recibirá de manos del rey Felipe de España en una gala que se celebrará en octubre en el teatro Campoamor de Oviedo.

Este show es una nueva antología que reúne, renovados, grandes éxitos de su historia, con obras memorables como La balada del 7º Regimiento, San Ictícola de los Peces, Entreteniciencia familiar, Quién conociera a María, el bolero Perdónala, Ya no te amo, Raúl y Costumbres de la isla de Makanoa, entre otras.

A días de su presentación en nuestra provincia, Escenario habló con uno de sus integrantes fundadores, Carlos López Puccio, quien demuestra en este diálogo que el humor va más allá del escenario y es una constante en su vida.

–Les Luthiers ha logrado que el público vuelva a escucharlos como a los juglares, que transmitían sus historias en la Edad Media. ¿Cómo fue surgiendo esta singular manera de hacer humor?
–Fue fácil: hace tantos años que trabajamos en esto que cuando empezamos, en la Edad Media, era algo muy común (risas).

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–¿Cómo fue la selección de los segmentos incluidos en "Gran Reserva" y qué criterios utilizaron para hacerlo?
–Los de todas nuestras antologías. En primer lugar, hacemos listas con las preferencias de cada uno de nosotros. Cada cual hizo su lista y las llevamos a varias reuniones de selección en las cuales volvimos a ver o escuchar obras de cuyo rendimiento y eficacia no teníamos más recuerdo que el que da la nostalgia. Luego fuimos reduciendo la lista siguiendo varios criterios a los que siempre hemos atendido: eficacia humorística, variedad de géneros (musicales o teatrales), variedad de protagonismos, sucesión de escenas grupales o solísticas, vigencia actual de la obra, etcétera. Y al cabo quedó esto, que nos encanta.

–En sus shows también impusieron la vestimenta, el smoking, como sello distintivo. ¿Cuál es la historia de esta elección?
–El humor que practicamos siempre pretendió ser atemporal. En nuestros chistes no hay casi nunca alusión a la realidad inmediata, a la noticia del día, al personaje de moda. Nos jactamos de que la gente "ve" en escena un lugar o ciertos personajes pero abstractos: son la parodia de cosas o sujetos reales, pero no personalizados sino sintetizados. No es "este político", son "los políticos" expuestos en un tono paródico, tanto como paródicos son muchos de los números musicales que hacemos. Dentro de este tono paródico universal amplio (como opuesto a personal o a local), el smoking es algo así como la vestimenta neutra: la ropa que no es ninguna ropa. La gente debe "ver" y "escuchar" las ideas, pero no la ayudamos con disfraces.

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–A Les Luthiers lo sigue públicos de distintas nacionalidades, ¿varían sus shows (por ejemplo en giros lingüísticos) de acuerdo con los lugares que visitan?
–Muy poco. Desde que empezamos a girar internacionalmente supimos que debíamos escribir en español internacional. Un humor que se basara lo menos posible en giros locales.

–Tienen fanáticos de varias generaciones, hay padres que van con sus hijos a verlos. ¿Cómo perciben su llegada al público más joven?
–Percibimos la llegada del público más joven porque lloran y hacen berrinches en la sala mientras sus padres tratan de dormirlos. Pero nos consuela la certeza de que en pocos años serán público formal y amante de Les Luthiers.

–En estos 50 años deben haber pasado muchas situaciones arriba y abajo del escenario. ¿Hay alguna anécdota que recuerde en particular del grupo?
–Infinitas, para todos los gustos. Y temo que muchas las hayamos contado demasiadas veces. Para saciar la inagotable curiosidad periodística elijo una sola, casi al azar. Hace unos ocho años estábamos en Madrid presentando Los Premios Mastropiero en un auditorio colmado. Jorge (Maronna) y yo empezábamos sentados en la oscuridad mientras en la otra punta iniciaban la acción Marcos Mundstock y (el fallecido) Daniel Rabinovich. En esas condiciones de luz se pueden ver las caras del público de las primeras filas (cuando la luz de frente se enciende uno queda enceguecido y delante de sí ve sólo oscuridad). Así, medio displicentemente mirábamos las caras sonrientes cuando descubrí una. Le dije a mi compañero, en broma: "Jorge, mirá a ese de la fila cuatro: se parece al príncipe heredero". Jorge se rió: "Sí, estaba aburrido y se escapó del palacio". El hombre se reía. Pero seguimos mirando y a su lado estaba una chica que parecía Letizia... ¡Eran los (futuros) reyes que se habían hecho una escapada! Habían pedido las entradas en secreto, y por razones de seguridad ni a nosotros nos habían avisado. Era simpático ver a un rey ya no con corona sino ¡con polera! y a una reina en jeans, y de lo más divertidos. Luego de la función vinieron a saludarnos muy simpáticos.

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–¿Cómo se están preparando para la gira por España, sobre todo porque será la despedida de Carlos Núñez Cortés y luego van a recibir el Princesa de Asturias?
–El premio nos emociona. Valoramos mucho su significado y su alcance. Es muy conmovedor pasar a estar incluidos en la lista de miembros tan selectos de ese club de gente que admiramos: Woody Allen, Francis Ford Coppola, Barenboim, Quino, Muti, Arthur Miller, Penderecki, Bauman... La despedida de Carlos Núñez es algo que, si bien ahora se hace candente, habíamos acordado hace ya unos dos años. No nos toma por sorpresa. Es una pena que no quiera seguir trabajando, pero aceptamos su decisión y la acompañamos: hemos preparado a su remplazante desde entonces, y con su colaboración, para que la transición no afecte al resultado artístico. Nos dolerá dejar de trabajar con Carlitos, pero esperamos que ese cambio de vida lo haga feliz.

–Por más que ya tengan cinco décadas, ¿podemos quedarnos tranquilos de que hay Les Luthiers para rato?
–Haremos todo lo que la naturaleza (y la ciencia) permitan.
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