Editorial Editorial
lunes 08 de agosto de 2016

¿Y siempre lo seremos?

A tal punto la corrupción ha atravesado no sólo la política sino la propia vida cotidiana, que muchos argentinos avalan ese concepto canalla de que hay políticos que "roban pero hacen".

Escépticos, como si fueran argentinos, los brasileños tienen una frase irónica para referirse de manera desencantada a ellos mismos.

Dice así: "Brasil es el país del futuro... y siempre lo será".

Lo que nos están diciendo en esa frase es que eso de acostumbrarse a ser sólo promesa es claramente una deficiencia social.

Una torpeza que no es achacable a ninguna fuerza maligna del exterior.

Los argentinos somos especialistas en tapar nuestras incapacidades lanzando un rosario de lamentos por lo mal que, supuestamente, nos trata el mundo, en particular los países más desarrollados, el neoliberalismo, la sinarquía internacional, o la mar en coche.

Ya es hora entonces de que aceptemos, como lo está haciendo Brasil, que no fue ninguna potencia exterior la que obligó a muchos de nuestros políticos a favorecer el crecimiento de la corrupción.

Convertida en un mal estructural de la vida social, ya que los malos políticos han encontrado en sectores de la civilidad la contraparte para hacer negocios turbios, lo concreto es que la corrupción atraviesa hoy nuestra vida cotidiana.

A tal punto que hay argentinos que no tienen empacho en aceptar ese concepto canalla que afirma de tales o cuales políticos que "roban, pero hacen".

La crisis política que vive Brasil –de la que su parate económico es una consecuencia– no le ha impedido a esa nación, en particular a la Justicia, reaccionar a tiempo y lanzar una operación de "manos limpias" contra la corrupción.

Corruptela que fue apañada durante cuatro administraciones de gobiernos "nacionales y populares" (dos de Lula y dos de Dilma)y que ahora tiene a cientos de políticos y empresarios presos o desfilando por los estrados judiciales y a una presidenta constitucional suspendida en su cargo y a punto de ser destituida, aunque este último caso tenga más relación con desmanejos presupuestarios y desvío de plata a campañas electorales.

Tanto la Argentina como Brasil deben dejar de ser promesas. Pero para eso hay mucho por hacer en esas casas.

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