Editorial - Mendoza Mendoza
viernes 08 de julio de 2016

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Sanear la fuerza policial es imprescindible para recuperar la confianza en quienes deben velar por la sociedad en su conjunto y poder concentrar los esfuerzos en combatir el delito.

Como si no fuera suficiente la crítica situación de la seguridad de Mendoza y del país en general, la fuerza policial de Mendoza está seriamente cuestionada por estos días.

Y lo está en base a hechos concretos que la Inspección General de Seguridad (IGS) investigó y con pruebas luego llevó a la Justicia.

La decisión de la gestión Cornejo es seguir de cerca la evolución de las denuncias penales contra los uniformados y, en función de lo que se compruebe fehacientemente, colocar las sanciones que correspondan.

Años de hacer la vista gorda permitieron que las cabezas de la fuerza concretaran pingües negocios valiéndose de los efectivos a su cargo y beneficiados por la falta de control en su accionar cotidiano.

En medio de esa laxitud, hubo acuerdos non sanctos que les permitieron recaudar sumas millonarias que, sería de esperar, una vez que la Justicia actúe tendrían que devolver a las arcas provinciales.

En los últimos meses han sido los propios miembros de la fuerza quienes protagonizaron las noticias policiales.

Algunos, por integrar junto con un grupo de civiles una banda que participaba en secuestros extorsivos en el Gran Mendoza y que fue desbaratada a principios de junio.

Otros, por estar señalados de haber protagonizado hechos de violencia de género. Entre ellos, uno de los integrantes del equipo del jefe de la Policía, Roberto Munives.

También en junio, cuatro comisarios generales fueron pasados a pasiva por serias irregularidades. Estos efectivos realizaban trabajos informales por los que habían logrado recaudar más de $10 millones por mes. Uno de ellos, incluso, les entregaba armas a los delincuentes.

En este contexto, no sorprende que la IGS haya duplicado la cantidad de sumarios por investigaciones de distintos delitos (indisciplina, robo o pérdida del arma reglamentaria y de equipos de trabajo, violencia intrafamiliar, y hasta casos de hurtos dentro y fuera de las comisarías).

Sanear la fuerza policial de Mendoza es imprescindible para recuperar la confianza en quienes deben velar por la sociedad en su conjunto y poder concentrar los esfuerzos en combatir el delito. No puede quedar ninguna duda de qué lado están ni cuál es el rol que deben cumplir.
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