Editorial Editorial
miércoles 01 de junio de 2016

Ver la vaca y llorar

En estas horas en que los legisladores son duramente criticados por el nuevo aumento de sus sueldos, deberían darse a una tarea de introspección y preguntarse por qué tanta gente no los quiere.

Los reiterados escándalos que se producen cada vez que se conoce un aumento de sueldos para los legisladores o para los concejales sirven para comprobar que ese malestar social no sólo tiene que ver con los montos de sus dietas sino con que la sociedad no termina de legitimarlos como representantes del pueblo.

Pese que a los senadores, diputados y ediles llegan a sus cargos por el voto popular, y que son figuras claves del engranaje democrático, muchos ciudadanos de a pie siguen sospechando que se trata de funcionarios que no se ganan el sueldo con dignidad y que si éstos no existieran la sociedad funcionaría igual.

Por supuesto que eso no es así. Los argentinos hemos tenido una larga y dolorosa experiencia en golpes militares. Por eso es que recordamos muy bien que cada vez que se subvirtió el orden constitucional lo primero que se eliminó fue el Poder Legislativo.

Es que los legisladores no sólo tienen como misión proponer, estudiar y votar leyes, sino que además tienen la tarea de actuar como control de los otros poderes del Estado, en particular del Poder Ejecutivo.

Un buen legislador es alguien que "molesta" a todos aquellos que sueñan con gobernar sin contrapesos ni auditores.

El republicanismo es un maravilloso mecanismo de relojería democrática en el que la división de poderes es una de sus gemas.

Dicho esto, y ante el escaso feeling que varios de los representantes del pueblo suelen tener con sus mandantes, a los que suelen ignorar para favorecer escandalosamente a militantes, familiares y amigos, y de que parecen reírse de sus votantes por el escaso apego a la obligación de asistir diariamente al trabajo, es que cada vez que se produce un aumento de sueldos, sea justo o no, la primera reacción popular es la de suponer de antemano que no se lo merecen.

Por más que este nuevo aumento esté dentro de la legalidad, la sociedad, que está quemada con leche, ve en los más de $70.000 de un legislador, a la vaca. Y entonces llora.
Fuente:

Dejanos tu comentario

Más Leídas