Editorial Editorial
martes 31 de mayo de 2016

Una red para las redes

Hacer foco en la parte más negativa del fenómeno Facebook sirve para alertar al sector más sensible y acaso evitar que nuevas Micaelas caigan en las garras de estos asesinos al acecho.

La muerte de Micaela Ortega, la niña de 12 años que fue asesinada por un joven al que conoció a través de Facebook, encendió la lógica alarma de muchos padres que ven al fenómeno de las redes sociales como un espacio ajeno e inofensivo.

En los tiempos que corren, sería difícil encontrar a un adolescente que no sea parte de alguna red, especialmente de Facebook.

La facilidad y velocidad con que se socializa en los territorios virtuales operan como verdaderos imanes, sobre todo para los más chicos.

Y de ahí a que se confundan los roles y se desdibujen los límites hay una delgada línea.

Con 26 años, Johnatan Luna, el asesino de Micaela, se hacía pasar por una nena en Facebook.

De esa manera logró engañarla y llevarla hacia él, como quedó registrado por las cámaras de seguridad de Bahía Blanca.

La madre de la pequeña resaltó que no es normal que el asesino tuviera cuatro perfiles en la red más popular y con identidades distintas.

En medio del dolor, su voz fue una forma de llamar la atención de tantos adultos que naturalizan que los chicos generen con tanta facilidad vínculos con personas a las que ni siquiera conocen.

Psicólogos y analistas de la comunicación 2.0 consideran que lo peor en estos casos es prohibirles el acceso.

Sí en cambio hablarles, informarse y crear lazos de contención que impidan que personas aún tan vulnerables sean presa fácil de estos personajes nefastos.

Esa tarea de estar cerca, apelando al tacto y al afecto, se complica mientras más grandes son los hijos. La adolescencia es la franja más delicada, dado que es la que tiene un mayor manejo y libertad en el uso de redes sociales, además de ser la más refractaria al control de los padres.

Llevar a la mesa familiar el comentario de lo que le ocurrió a Micaela o de casos similares es una puerta para abrir el debate sin que el rechazo sea inmediato. Para ser justos, las redes también pueden ser puentes para generar acciones solidarias, producir reencuentros movilizantes o difundir la obra de artistas talentosos.

Hacer foco en la parte más negativa del fenómeno Facebook sirve para alertar al sector más sensible y acaso evitar que nuevas Micaelas caigan en las garras de estos asesinos al acecho.

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