Editorial - Mendoza Mendoza
lunes 02 de mayo de 2016

Una ley dura de roer

La tenencia, el cuidado, el transporte y el registro de un perro peligroso en Mendoza están en foja cero. Esto también es un peligro. Urge reabrir el debate legislativo para llegar a una ley que dé garantías a todos.

Los sonados casos en que perros considerados bravos o peligrosos atacaron a niños (incluso, uno le provocó la muerte a un pequeño bonaerense) fundan la urgencia de legislar al respecto.

Si bien existen normativas municipales, sigue faltando una ley que sirva para regular cómo se tiene, se cuida y se registra un can de estas características.

De esa manera, ante cualquier daño o incidente, habrá un adulto que se responsabilice.

En Mendoza hubo intentos concretos de avanzar en esa línea, pero lo legislado nunca se reglamentó, por lo que la deuda continúa abierta.

Hace 10 años –en diciembre de 2006– se aprobó la ley 7.663, que establece las reglas aplicables a la tenencia de perros peligrosos, pero nunca alcanzó el aval del gobernador.

Ante los casos graves que se sucedían, siempre protagonizados por animales de gran porte y peligrosidad, a mediados del año pasado el Ejecutivo, a cargo de Francisco Pérez, envió un proyecto "superador" a la Legislatura.

Esa iniciativa permanece cajoneada en la Comisión de Legales y Asuntos Constitucionales, sin ser tratada. Y como ocurre frente a situaciones extremas, cuando vuelva a ocurrir un hecho que tenga como protagonistas a un niño y a un perro de los bravos, ahí seguramente un legislador –con el diario del lunes– acudirá sin demoras a recuperar el proyecto y a jactarse de sintonizar con las demandas sociales.

Quienes sí están dispuestos a avanzar en el debate legislativo advierten de que las facultades de controlar a los animales domésticos son de los municipios, por lo que una ley sí o sí tiene que contemplar las características de cada comuna.

En lo que no tendría que haber disidencias es en que lo esencial debe cumplirse, con o sin ley, en cualquier territorio: los perros peligrosos no pueden circular libremente sin correa ni identificación, además deben estar vacunados.

De allí que es válido que se abra la discusión para que los municipios planteen sus realidades y se avance de una buena vez en la aplicación concreta de una norma que dé garantías a todos los involucrados.

Hoy, la tenencia, el cuidado, el transporte y el registro de un perro en la provincia están en foja cero. Y eso también es un peligro.
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