Editorial - Mendoza Mendoza
jueves 09 de febrero de 2017

Sopa otra vez

Un clásico de la previa vendimial: la amenaza del gremio docente de no empezar las clases y patalear en el Carrusel. Lo cual no quita rever el destrato a nivel salarial que sufre quien está al frente en el aula.

De ceder al canto de sirena de la pereza, copiaríamos en este espacio la misma editorial del año pasado donde, más o menos para esta época, "adivinábamos" el futuro.

De esa manera nos evitaríamos el desgastante déjà vu de todos los comienzos de ciclo, donde los medios repetimos mecánicamente frases del estilo de "si no hay aumento, las clases no empezarán" o "esperamos una respuesta favorable, si no habrá paro".

Y como complemento al tradicional reclamo salarial docente, otro clásico de la cosecha de ese gremio: la amenaza –posteriormente concretada– de protestar en medio del carrusel vendimial.

Si quien lee esto no es mendocino, sepa que se capitaliza esa coyuntura de generosa masividad, y en la cual Mendoza tiene su mayor nivel de exposición a todo nivel, para amplificar el reclamo frente al palco de autoridades.

Se aprovecha una ocasión ideal: están el gobernador, sus ministros, referentes de la oposición y, cual bienvenido plus, algún enviado de la Nación con peso propio.

Tan previsible es que para estas fechas habrá pataleo sindical que resulta inadmisible que se siga sin encontrar otro formato para que las paritarias se inicien mucho antes.

Pero también, y más allá de los lógicos reclamos de uno de los sectores sin duda más castigados y bastardeados, preocupa que esos interlocutores a los que se supone con una preparación mayor a la media no sepan separar una demanda genuina de un festejo popular.

Eso sí, vale preguntarse y plantear en medio de este toma y daca si es justo que quienes educan y forman a las nuevas generaciones ganen tan poco.

El lugar que hoy ocupa el docente en la consideración del sector político es tan bajo como el nivel de muchos de sus referentes. No debería asombrarnos; no es de ayer que quien está al frente en el aula gana menos que el concejal, el ministro o el funcionario más ignorante.

Con este orden de valores trastocado no nos extrañe que a la vuelta del círculo aquellos que deberían ser los más pensantes terminen insultando a viva voz en plena celebración de una fiesta popular.
Fuente:

Dejanos tu comentario

Más Leídas