Editorial Editorial
sábado 26 de noviembre de 2016

Sin reacción

Por los accidentes se pierden tantas vidas absurdamente que sorprende que no se endurezcan las leyes, los controles y las multas.

Apelar a las estadísticas a la hora de abordar la accidentología vial, en constante ascenso en todo el país, no es un recurso casual.
De esta manera, los medios no sólo se valen de "datos duros" de la realidad, sino que además pretenden despertar a una sociedad que asiste a este fenómeno como si fuera algo natural, al que hay que aceptar sin hacer algo concreto para impedirlo.
Son tantas las vidas perdidas absurdamente que sorprende que no se endurezcan las leyes, los controles y las multas para aquellos que se ponen en riesgo a sí mismos y a los demás.
No hay día en que no veamos en las calles temerarios al volante y que no cuestionemos cómo es posible que posean un carnet de conducir. Se percibe, no sólo impericia técnica en la conducción, sino también un gran desconocimiento de las reglas más elementales para transitar en la vía pública.
En la Argentina, mueren 21 personas por día en accidentes de tránsito y llevando más allá el impacto de las cifras, hay que resaltar que en los últimos 20 años ya suman 150.000 las víctimas fatales.
Si cada pérdida es una tragedia inabarcable para una familia, multipliquemos ese tremendo dolor por los miles que quedaron en el camino y la pregunta se desprenderá naturalmente: ¿por qué no hay una política más decidida?
¿Una ley de emergencia en materia vial cuántos muertos debe acreditar para justificar su aprobación? ¿Los legisladores no salen a la calle, no leen las estadísticas, no manejan todos los días para llegar a sus bancas?
Los especialistas insisten en la prevención, pero habría que sumar la apoyatura de distintos organismos del Estado, de ONG independientes y un cambio de actitud generalizada de quienes transitan a diario en un vehículo.
La Asociación Civil Luchemos por la Vida ha planteado su preocupación por la falta de decisión por parte de las autoridades frente a una verdad irrefutable: nuestro país es uno de los pocos que no logra hacer descender este flagelo.
Fiel a su estrategia constructiva, a la crítica, esta suma propuestas: una política de seguridad vial que priorice controles eficaces en calles y rutas, y sanciones efectivas, como se aplicaron en otros países para cambiar las conductas.
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