Editorial Editorial
viernes 08 de abril de 2016

Salir de la modorra

Para que la Justicia funcione requiere de un marco político que dé garantías y no "apriete" a los jueces. Pero también depende de que los funcionarios judiciales salgan de su zona de confort.

Para que la Justicia empiece a ser creíble en la Argentina no debe hacer distinciones de jerarquía, actuar con pruebas no con trascendidos ni revanchismos y ser lo ágil que no ha sido durante tantos años.

Si quien tiene que estar bajo su lupa es el mismísimo presidente de la Nación, así deberá ser. No hay mejor señal para dar hacia adentro y hacia fuera del país.

Es sintomático que en la misma semana en que fueron apresados Ricardo Jaime y Lázaro Báez, el presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, haya reclamado un "Nunca más" para la impunidad.

Consciente de que uno de los principales reclamos de la ciudadanía es que haya de una vez por todas tolerancia cero para la corrupción, Lorenzetti se sumó al clamor de que haya más celeridad en el accionar de la Justicia.

"Queremos que los jueces terminen de una vez de demorar causas", lanzó con dureza el titular del máximo tribunal.

La clave de ese golpe de timón pasa, por un lado, por un marco político que dé garantías y no "apriete" a los jueces, permitiéndoles investigar, caiga quien caiga.

Pero también depende de que los funcionarios judiciales salgan de su zona de confort y vuelvan a meter los pies en el barro.

"Los jueces nunca debemos dejar de ser ciudadanos comunes. Debemos atender a lo que dice el ciudadano común", les recordó Lorenzetti a sus pares, en un homenaje a Julio César Strassera, el fiscal del juicio a las juntas militares.

El fiscal federal Federico Delgado es de los que entraron en sintonía con los vientos que soplan.

Ayer, a sólo 24 horas de la denuncia penal del diputado del FPV Darío Martínez contra Mauricio Macri por su participación en sociedades offshore, imputó al Presidente.

Delgado consideró que hay elementos suficientes para que se abra una investigación para determinar si el jefe de Estado cometió algún delito.

Ahora la posta la tomará el juez Casanello, quien deberá definir si avanza con la pesquisa al mandatario. Todo un símbolo: se trata del mismo magistrado que entiende en la causa de lavado de dinero contra el empresario K Lázaro Báez.

Si la causa contra Macri avanza, y también la de Báez y los otros investigados, será la prueba más contundente de que ese país "normal" que el hoy presidente prometió en campaña empieza realmente a serlo.
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