Editorial Editorial
viernes 09 de septiembre de 2016

Remisos a airear la gestión

En los corrillos políticos comunales suele recitarse con sorna una frase que pinta de cuerpo entero a ciertos funcionarios: "No hay nada más oficialista que un concejal de la oposición" ¿Por qué será?

Los ámbitos municipales –de todos los colores políticos– suelen tener una singularidad: no son particularmente afectos a airear sus actividades o, mejor dicho, no les gusta mucho que nadie ande husmeando en "sus cosas".

Lo habitual es que el funcionario, molesto, inquiera:¿para qué que andan con esas averiguaciones si nosotros somos buenos, honestos y por algo nos eligieron?

Primer punto: los bienes públicos son del pueblo y no de ningún apellido en particular. No son "sus cosas".

Es probable que esa creencia nazca de cierta comodidad que se ha instaurado en esos sitios por ausencia de controles efectivos, en particular por cierta dejadez que exhiben quienes deberían ser los principales auditores, es decir los concejales de la oposición.

Hay una frase que se suele recitar con descarnada sorna en los corrillos partidarios y que pinta de cuerpo entero este asunto. Dice así: "No hay nada más oficialista que un edil de la oposición".

Es cierto que para los funcionarios se torna a veces difícil gestionar en un ambiente de continua ebullición y de disputas y chicanas constantes.

No obstante, un dirigente elegido por el pueblo debe tener en claro que es su obligación informar en tiempo y forma y ventilar sus actos de gobierno.

Si no hay nada que ocultar, si una gestión es permeable al control, si realmente la política cree de verdad en el derecho ciudadano a la información pública, pues entonces el funcionario municipal tiene que estar abierto a que su trabajo sea materia de discusión.

Sabido es, aunque se pretenda ignorarlo, que el debate político es algo inherente a esta actividad.

Lo que pasa es que muchos, por esa comodidad a la que aludíamos, terminan perdiendo la muñeca política para afrontarlo.

El destinatario de una buena claridad de gestión no debe ser otro que el vecino, el que paga las tasas municipales, el que vota al funcionario del Ejecutivo o al concejal.

Encapsularse, aislarse, esquivar las explicaciones, no informar, ser reticente a proporcionar cifras es lo contrario a hacer política.
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