Editorial - corrupción policial corrupción policial
jueves 23 de junio de 2016

Remezones policiales

La democracia reconquistada en 1983 ha tenido en Mendoza varios remezones policiales. ¿Cómo debe leerse el reciente caso de los comisarios vinculados a presuntos casos de corrupción?

Una de las peores cosas que le puede pasar a la política es "politizar" a la Policía. Eso es particularmente nefasto para una fuerza que debe ser altamente profesional, que debe estar, sí, bajo la conducción política, pero que, por portar armas del Estado y tener tareas específicas a cumplir, está obligada a mantenerse al margen de las contingencias partidarias.

Es típico de naciones con escasa historia republicana eso de que los políticos y ciertos policías de alto rango terminen enganchados en historias de corrupción o de amedrentamientos.

Baste recordar a los "comisarios políticos" que servían a tal o cual dirigente partidario en los inicios de nuestra historia político-institucional.

O a la policía puesta al servicio de tareas de choque contra los civiles que discrepaban con los funcionarios sublevados en las épocas de dictaduras que nos tocó vivir a los argentinos en el siglo pasado.

La Policía tiene tareas específicas que les fija la Constitución para el mantenimiento del orden público y para la lucha contra el delito.

El reciente caso de los 4 comisarios que en Mendoza han sido separados de la fuerza sospechados de estar incursos en negociados que les habrían reportado importantes ingresos non sanctos, en una investigación que ya tiene en la mira a otros funcionarios policiales de alto rango, es un hecho que preocupa, y mucho, pero por otro lado es una posibilidad de adecentar la fuerza policial, entre cuyos integrantes la mayoría no están metidos en chanchullos ni en delitos.

La democracia reconquistada en 1983 tuvo en Mendoza varios remezones policiales, la mayoría de los cuales fueron subsanados dentro de la ley.

Quizá el paso más importante se dio a fines de los '90 cuando se fijó una política de Estado entre oficialismo y oposición para poner en caja a una fuerza que se estaba desmadrando. Lamentablemente, esta buena iniciativa quedó luego trunca por los personalismos y el ánimo de facción.

Es hora de retomar la senda del profesionalismo, de policías muy bien preparados y mejor pagos, pero también bien auditados.
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