Editorial Editorial
sábado 17 de septiembre de 2016

Reencuentro con el Mundo

Entre lo positivo que ha dejado el Mini Davos está el hecho de que la Argentina parece haber aceptado que no hay ninguna posibilidad de crecer para un país que se aísla del mundo.

La semana política y económica del país ha girado en torno al Foro de Negocios e Inversión, que concluyó anteayer en Buenos Aires con la presencia de ejecutivos de las principales empresas del mundo.
Por lo pronto el denominado Mini Davos cumplió el objetivo de reinstalar a la Argentina en la agenda de los inversores del mundo, fustigados o ignorados durante años por el kirchnerismo, sobre todo durante las dos gestiones de Cristina Fernández, lapso en el cual no se favoreció el clima de negocios, salvo con empresarios amigos del poder o con naciones ideológicamente afines al populismo.
Durante estos días de debates, disertaciones y ponencias se han escuchado numerosas cifras sobre lo que este reencuentro con el mundo económico globalizado podría significar para el país. Montos que van de 40 mil a 50 mil millones de dólares en el corto plazo, además de otros proyectos por un valor aún no determinado, entre los que se destacan los de Siemens y Dow.
Los acuerdos logrados con las multinacionales son,
según el Gobierno "importantísimos", porque les permitirán a las pymes
insertarse como proveedores de la cadena de valor.
Otro aspecto que se ha destacado es que entre los sectores que despertaron más interés entre los inversores figuran dos que registran mucho atraso, como los de infraestructura y energía, al tiempo que se ha asegurado mayor presencia, en otros como automotores, petroquímica y servicios.
Entre el plan de infraestructura resalta la energía eólica, ámbito que tiene la virtud de traccionar otras inversiones de sectores asociados.
Pero sin duda lo más prometedor es que la Argentina está aceptando finalmente que ningún país crece encapsulándose ni regodeándose en apolilladas cantinelas acerca de que somos víctima de una confabulación internacional para no dejarnos crecer.
En un momento en que hasta las naciones comunistas han aceptado como "un hecho objetivo" al mercado, sería de necios que la Argentina no volviera al mundo para crecer.
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