Editorial - PAMI PAMI
jueves 07 de julio de 2016

Recuperar el vínculo

El trato médico-paciente está cada vez más devaluado. El tiempo de atención es corto y hay facultativos que ni siquiera miran al enfermo a los ojos. El tema es abordado hasta en congresos internacionales.

La comprobación es simple y directa. Basta pedir un turno para ser atendido por un profesional de la salud. Hasta aquí, lo de siempre. Lo que no era habitual y hoy sí es el devaluado trato médico-paciente.

Tan es así que ya es motivo de debate en congresos cómo recuperar el vínculo, sobre todo, que el facultativo vuelva a mirar a los ojos a quien está poniendo su expectativa y confianza en alguien que estudió tantos años para hacernos mejor la vida.

Si bien es una generalización, está sustentada en la gran cantidad de quejas y denuncias al respecto, tanto en organismos de control, prepagas, PAMI y, sobre todo, en las redes sociales.

La evolución de aquel médico rural "a domicilio" al actual sistema sanitario de hospitales, clínicas y consultorios especializados, lógicamente modificó la dinámica del rubro en su conjunto.

El tiempo de atención, antes más laxo, debió reducirse en virtud de que la demanda aumentó exponencialmente.

No obstante, esto no debería significar una desmejora sustancial en el trato. Puede entenderse que haya menos tiempo, no que se (des)trate a las personas como un número. Es cada vez más notoria la figura del "médico taxi", que pasa de un paciente a otro como punteando un listado.

En general, el gremio médico se sabe observado y cuestionado, pero no muestra signos de preocupación ante las críticas. Saben, y no es menos cierto, que están parar curar y salvar vidas antes que para mostrar cuán simpáticos o receptivos puedan ser.

Verlo de esa manera, supondría quien no juró cumplir los preceptos de Hipócrates de Cos, es desconocer una parte esencial de ese contrato no escrito entre médico y paciente: la vulnerabilidad del que no se siente bien.

Quien concurre a un profesional de la salud está poniendo una parte muy preciada de su vida en manos de quien cuenta con la formación –y no siempre la sensibilidad– para curarlo o al menos brindarle un cierto alivio.

Esperar horas para ser atendido y una vez adentro, comprobar que los menos de cinco minutos del turno se irán en dar los datos de la obra social es una frustración demasiado reiterada.

La pregunta "¿cómo se siente?", acompañada de una mirada de genuino interés, seguirá esperando. Al menos hasta que la corporación médica se dé un buen baño de humildad.
Fuente:

Dejanos tu comentario

Más Leídas