Quieren ser escuchados

No sólo aquel que pugna por un mejor sueldo y no lo consigue puede considerarse afectado por la crisis. También integran ese lote los alumnos que no tienen clases por los paros de sus maestros.

Que por estos días campeen los paros sectoriales en todo el país no constituye ninguna novedad. Los reclamos salariales, con durísimas paritarias de por medio, se multiplican y espesan el clima social de la Argentina.

Para el presidente Macri, las medidas que se han tomado son traumáticas pero necesarias e insiste en que en el segundo semestre se empezará a normalizar la situación general.

En medio de ese agitado contexto, donde se cuecen en el mismo caldero los números que no cierran, los modelos de país que se contraponen y el fuego cruzado de las declaraciones de cada facción, hay otros tantos damnificados que hacen mucho menos ruido.

No sólo aquel que pugna por un mejor sueldo y no lo consigue puede considerarse afectado por la crisis.

También integran ese lote los alumnos que no tienen clases por las medidas de fuerza de sus maestros.

Una vez que los docentes nucleados en FADIUNC completen una nueva semana de paro, los alumnos de los colegios de la Universidad Nacional de Cuyo habrán sumado 22 días sin asistir a clases.

Una burrada imperdonable, más allá de los incuestionables argumentos que el gremio esgrima en su defensa.

En diálogo con radio Nihuil, el padre de unos esos chicos de vacaciones obligadas lo planteaba con una simplicidad y contundencia indiscutibles: "Entendemos claramente la lucha de los docentes y sus reclamos, pero nosotros debemos velar por los intereses de nuestros hijos y ellos no pueden dejar de ir a la escuela".

Ese padre estaba siendo coherente con la idea que baja hasta el propio gobernador Cornejo de que la familia no puede estar ajena a la vida escolar.

Como parte de la defensa de los derechos de los niños a recibir educación, los progenitores de los colegios universitarios se autoconvocaron y le llevaron su preocupación a la máxima autoridad de la UNCuyo, el rector Daniel Pizzi.

Su compromiso quedó expresado sin otra consigna que la de exigir que sus hijos no pierdan un día más de clases.

No escucharlos sería un gran error.
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