Editorial - Mendoza Mendoza
miércoles 06 de septiembre de 2017

Plata pública y politiquería

El creciente estupor de los ciudadanos ante el uso discrecional de fondos públicos es una buena señal.

Hacía mucho tiempo que un fallo judicial no despertaba en Mendoza tanta controversia como el que dispuso la liberación de los cinco miembros de la organización Tupac Amaru.

Ese grupo, que actuaba en Mendoza bajo el liderazgo de Nelly Rojas, había sido acusado por la fiscal Gabriela Chaves de asociación ilícita con fondos nacionales destinados a viviendas sociales.

Las disquisiciones políticas que el fallo de la Octava Cámara del Crimen abrió entre sectores de la Justicia y del Ejecutivo de Mendoza ha inquietado sobremanera a los contribuyentes, hartos de que los fondos públicos se destinen a la politiquería.

Ocurre que no es común que nuestra dirigencia política se muestre demasiado preocupada por la correcta utilización de la plata que aportan los ciudadanos para sostener el funcionamiento del Estado.

Por eso, es una muy buena señal el creciente estupor de la sociedad civil ante el uso discrecional de la plata del pueblo.

Gran parte de la población ha visto en el caso de la Tupac la oportunidad de poner el grito en el cielo.

Esta madeja comenzó con una decisión política que Néstor Kirchner tomó al comienzo de su presidencia en 2003 y que luego fue continuada en las dos gestiones de su esposa, Cristina Fernández.

Nos referimos a la de destinar millonarios fondos públicos –por fuera de los organismos oficiales– para favorecer el clientelismo y la militancia rentada. Quedan como ejemplo los asociados a la Tupac, a los que se obligaba a ir a los actos o marchas kirchneristas para poder mantener su aspiración a la vivienda propia.

Eso es lo que pasó con la Tupac. O con Sueños Compartidos, el otro millonario plan de viviendas, que condujo Hebe de Bonafini con generosos dineros de la Nación.

En ambos casos pasó lo que tenía que pasar: se malgastaron partidas millonarias y se favorecieron trapisondas que beneficiaron a punteros vip y a sus familiares.

La ausencia de los controles necesarios sobre esas organizaciones sociales y la connivencia con los políticos de turno hizo el resto.

El pecado político fue el de crear esta suerte de Estados paralelos con la sola idea de llevar agua para el molino del gobierno de turno y no hacia el bien común.
Fuente:

Más Leídas