Editorial - Buenos Aires Buenos Aires
martes 22 de noviembre de 2016

Paradojas

Desde 2010, el vino es Bebida Nacional y una carta de presentación de nuestra industria. Sin embargo, una norma porteña lo equipara con el tabaco y busca prohibir su publicidad en la vía pública.

Paradojas de estos tiempos tan veloces como confusos: mientras el vino es Bebida Nacional (según decreto presidencial del 2010) y para la Organización Mundial de la Salud (OMS)es un alimento, surgen iniciativas efectistas que buscan ubicarlo entre los "malos de la película".

Con la loable intención de prevenir las adicciones, se termina mezclando todo y lejos de lograr el objetivo, el resultado es una medida por lo menos discutible.

Una iniciativa del legislador porteño por el socialismo Roy Cortina, que cuenta con amplio apoyo del PRO, apunta a prohibir la publicidad callejera de bebidas alcohólicas.

No obstante, el autor del proyecto reconoce que, en caso de prosperar su proyecto, no resuelve el problema del abuso del alcohol.

En sus palabras está la clave de la contradicción. La prohibición no sólo no frenará al alcohólico, sino que, además, impacta negativamente en una industria: la vitivinícola, que ya padece los castigos propios de una economía en crisis permanente.

Precisamente, referentes del sector alertan que la intención de aprobar esa norma en la Ciudad de Buenos Aires es una suerte de globo de ensayo para extender la iniciativa al resto del país.

El mismo Cortina asegura que la prohibición debería aplicarse "en todos los sistemas mediante una ley nacional".

En sus argumentos, equipara erróneamente el vino con el tabaco, cuando desde siempre la industria ha promovido el consumo responsable de la bebida, destacando hacerlo moderadamente para que sí tenga un impacto positivo en la salud y, a su vez, sea disfrutable.

Igualar al vino con otras bebidas a las que el exacerbado consumo, sobre todo del sector juvenil, enciende la alarma en las guardias de los hospitales, es desconocer qué toman esos chicos que aún no tienen consciencia de su propio límite.

Más que una ley que prohíba, lo esperable es que los gobiernos pongan cerebro y recursos en campañas educativas para que desde la escuela, el hogar y hasta los medios, se concientice acerca de qué son las adicciones y cómo evitar caer en ellas.

Volviendo a las paradojas, prohibir suele resultar el mejor imán para querer hacer aquello que nos dicen que no se puede.
Fuente:

Dejanos tu comentario

Más Leídas