Editorial Editorial
martes 04 de octubre de 2016

Pacificación en riesgo

Al convocar urgentemente un pacto entre las distintas fuerzas políticas, en cierta forma Santos está reconociendo que el acuerdo nació débil y que la grieta corre riesgo de profundizarse.

Una vez que se conoció el resultado del plebiscito que rechazó los acuerdos firmados entre la guerrilla y el gobierno de Colombia, la primera reacción pública de quienes habían firmado la paz fue salir a ratificar sus posiciones y, por ende, el pacto.

El presidente Juan Manuel Santos y el líder de las FARC, Rodrigo Timochenko Londoño, respetaron la expresión de las urnas; pero no por eso dieron un paso atrás en la pacificación de un país que padeció una violenta sangría de 52 años.

Ambos son conscientes de que no se puede avanzar en ese proceso si no hay un amplio acuerdo político que le dé sustento.

Si bien los números finales a favor del no fueron exiguos (50,22% contra 49,77%), el resultado fue un golpe durísimo para Santos y Londoño.

Quienes se expresaron por la negativa, con el ex presidente Álvaro Uribe a la cabeza, consideran que el acuerdo de paz no hace otra cosa que premiar a quienes desangraron al país durante más de medio siglo.

En tanto, por la afirmativa fueron aquellos que, aún reconociendo que la guerrilla hizo estragos, la única forma de lograr la pacificación de Colombia es haciendo un corte y poniendo el foco en lo que vendrá más que en el pasado.

Ni tanto ni tampoco, sostienen los analistas que ven en ambas posiciones argumentos razonables, pero parciales.

Tan cierto como que hay avanzar es no olvidar. Esa larga historia de enfrentamientos dejó más de 260.000 muertos y 45.000 desaparecidos.

Razón suficiente para que exista, además de la necesidad de un acuerdo que ponga fin a la violencia, un acto de reparación por parte de la Justicia para las víctimas y sus familiares.

Uribe afirma que todos quieren la paz, pero reclama que "en nombre de esa paz no se creen riesgos". Quien fuera presidente entre 2002 y 2010 alerta de que "la economía del país está en dificultades que podrían agravarse por el acuerdo".

Al convocar urgentemente a un pacto entre las distintas fuerzas políticas, en cierta forma Santos está reconociendo que el acuerdo nació débil y que la grieta corre riesgo de profundizarse.

A la distancia, la reflexión imparcial es que sigue siendo preferible una paz atada con alambre antes que una guerra sin fecha de vencimiento.
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