Editorial - Mendoza Mendoza
jueves 08 de septiembre de 2016

Los menos auditados

Hay sobrados motivos para entender la decisión del nuevo procurador de la Corte de ponerle una lupa al trabajo judicial. Ahora en las fiscalías se deberán marcar las entradas y salidas.

El Poder Judicial es, sin dudas, el poder del Estado menos controlado por la sociedad.

Ni de lejos tiene puesta sobre sí la lupa que los contribuyentes o las organizaciones políticas y sociales despliegan sobre los otros dos poderes: el Ejecutivo y el Legislativo.

Con frecuencia se conocen en la prensa casos de legisladores poco afectos al trabajo o de pobrísima productividad, o de funcionarios del Ejecutivo denunciados por acciones peleadas con lo legal.

La Legislatura de Mendoza y la Casa de Gobierno están siempre como en una vidriera y, al quedar así expuestos, sus funcionarios son pasibles de que tengan mayores controles sociales.

En la Justicia, históricamente eso ha sido menos habitual y no porque no existan en ese ámbito vagos ni personas afectas a contradecir las normas. Los jueces son alérgicos a estar en la vidriera. Ellos aducen que su labor les exige instancias recoletas.

Por el lado de la sociedad, existen ciertos vestigios atávicos que sugieren –aún hoy– que no hay que meterse a investigar a magistrados y a sus empleados porque en realidad es mejor ser amigo de todos ellos y no darles de qué quejarse. El "vizcachismo" sigue siendo uno de nuestros males sociales.

Quizá por todo esto que aquí comentamos es que haya llamado tanto la atención algunas medidas que ha tomado el nuevo procurador de la Corte de Mendoza, Alejandro Gullé.

En particular se destaca la resolución de que los funcionarios del Ministerio Público, es decir, de todas las fiscalías, deban marcar horario de entrada y salida a fin de comprobar que efectivamente cumplen con todas las horas de trabajo que tienen fijadas.

Esa sospecha de que estarían trabajando menos de lo fijado es algo que venía comentándose desde hace bastante tiempo, pero que nadie se animaba a ponerle un reflector, o mejor dicho, a terminar con ello.

Auscultar el rendimiento del trabajo judicial es una deuda que la Justicia tenía para con los contribuyentes. Sería bueno que ese concepto se trasladara a todos los ámbitos de la Justicia.
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