Editorial - Brasil Brasil
lunes 14 de marzo de 2016

Las barbas del vecino

Brasil fue nuevamente conmovido por masivas manifestaciones opositoras que pedían la renuncia de Dilma y apoyaban el accionar de la Justicia en la investigación del "petrolao".

En numerosos diarios del mundo sus analistas políticos coincidían este domingo en una pregunta: ¿cómo puede ser que Lula, que llegó a ser catalogado como "el político más popular del mundo", esté ahora por caer preso en Brasil y que su partido, que parecía invencible y que le permitió a su sucesora, Dilma Rousseff, ser elegida dos veces presidenta de esa enorme nación, se encuentre en medio de un fenomenal descrédito por un escándalo de corrupción cuyos tentáculos parecen no tener fin?

Esta pregunta coincidía con la realización en las principales ciudades brasileñas de masivas manifestaciones pidiendo la renuncia de Dilma y a favor de las investigaciones que está realizando la Justicia de ese país por el caso "petrolao", una red de corrupción con la empresa estatal Petrobrás como centro y con algunos de los principales políticos, incluido Lula, como supuestos participantes de una fenomenal maniobra de coimas y lavado de dinero con la que el Partido de los Trabajadores (PT) habría financiado sus campañas políticas de manera ilegal, beneficiando los bolsillos de famosos políticos y de reconocidos empresarios.

"Nadie está santificado por su ideología, sino por su conducta", solía decir Jorge Lanata. Y los sucesivos problemas de corrupción política que están sacudiendo a los gobiernos latinoamericanos de izquierda así parecen confirmarlo.

Tanto los "nacionales y populares", como Brasil (Lula y Dilma), Argentina (Néstor y Cristina), Venezuela (Chávez y Maduro), como los socialistas democráticos (como Michelle Bachelet) están señalados por crecientes denuncias de corrupción en los tribunales.

La corrupción, está visto, es un problema que afecta a los seres humanos, más allá de su ideario político.

En el gobierno del chileno Sebastián Piñera, de derecha, se denunció a funcionarios corruptos en asocio con algunos privados. Pero en el gobierno socialista de Bachelet fueron el propio hijo de la presidenta y su nuera los que fueron descubiertos traficando influencias ante los bancos para hacer negocios sucios que les significaron suculentos dividendos en dólares.

En efecto, será por nuestras conductas y no por nuestras ideologías, por las que tendremos que rendir cuentas.
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