Editorial - Turquía Turquía
martes 19 de julio de 2016

La mecha turca

Tras el fracaso golpista en Turquía, varios países de Occidente han lanzado advertencias al presidente turco ante supuestas ilegalidades que Erdogan estaría usando en el contraataque.

Varios de los principales líderes de Occidente han expresado sus temores ante lo que pueda pasar de aquí en más con la democracia en Turquía. Esas prevenciones tienen que ver con las características que está tomando el contraataque lanzado por el presidente Recep Erdogan hacia los golpistas que intentaron derrocarlo la semana pasada.

Es que el líder turco ha dicho que propiciará la vuelta de la pena de muerte a ese país para castigar a los militares alzados y a miembros de la Justicia que, según Erdogan, han actuado en connivencia con aquellos.

Turquía es parte de la Unión Europea y de la OTAN, y para poder ingresar a esa unidad político-militar debió adecuarse a normativas republicanas y democráticas, entre las cuales la pena de muerte está claramente excluida.

Desde Francia, por ejemplo, el canciller de esa nación, Jean Marc Ayrault, le ha advertido a Erdogan de que el fallido golpe de Estado no tiene que ser tomado como "un cheque en blanco" para hacer lo que quiera en materia de represión.

Y le ha recordado que esta deberá hacerse respetando la normativa que la Unión Europea fija para estos casos.

Para los jefes de Estado europeos, los actos golpistas, como el de la semana pasada, deben responderse en el marco del más estricto Estado de derecho.

El secretario de Estado norteamericano, John Kerry, cuyo país posee importantes bases militares en la estratégica Turquía, ha instado a Erdogan "a no llegar tan lejos como para crear dudas sobre su compromiso con el proceso democrático".

Ya hay más de 6.000 militares, jueces y fiscales detenidos (entre ellos dos miembros de la Corte Suprema de Justicia)y se ha lanzado una campaña para que el pueblo denuncie a todos los supuestos terroristas y para que delate a quienes difundan en las redes sociales comentarios contra el gobierno.

Desde Occidente se reclama, en particular, que no se mal utilice el gesto popular de salir a las calles para defender la democracia, confundiéndolo con el accionar de fuerzas de choque que nada tienen que ver con la república.

Como se ve, una reacción necesaria.
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