Editorial - Mendoza Mendoza
miércoles 15 de junio de 2016

La mala salud

En política, una cosa son las buenas ideas y otra lo que logre con ellas en la práctica. La descentralización de los hospitales, presentada como una panacea en 1993, terminó en un desmadre.

En 1993 la Provincia de Mendoza aprobó una ley que fijó la descentralización administrativa de los hospitales públicos.

El objetivo, loable –según la explicación que se le ofreció a la ciudadanía–, era el de lograr una mejor y más rápida utilización de los fondos públicos destinados a la salud, al tiempo que se prometía una solución menos burocrática de los problemas que a diario se presentaban en esas grandes unidades sanitarias.

Veintitrés años después, la Legislatura de Mendoza se apresta a votar (ya tiene media sanción) una nueva norma por la que se retorna al sistema centralizado, método donde las decisiones más importantes las vuelven a tomar el ministro de Salud y su gabinete, y no los directorios descentralizados que fueron establecidos en la década del '90.

En este asunto ha vuelto a comprobarse que una cosa son las buenas ideas puestas en una norma y otra, lo que se logre en la práctica.

Cualquier estudioso de la política puede corroborar cómo a lo largo de la historia muchas buenas ideas han terminado naufragando por no ser debidamente auditadas en la cotidianidad.

Desde 1993, y con el transcurrir de los años, esos directorios descentralizados, empezaron a mostrar falencias.

Según el actual Gobierno (no lo ha desmentido la oposición), los hospitales se llenaron de cargos de dirección, que terminaron generando más problemas que en la etapa centralizada.

Además, los gastos no se hicieron con la efectividad que se preveía y la contratación de personal no tuvo el recato republicano que se esperaba.

Es decir que una medida que se pensó para modernizar y aceitar la gestión terminó convertida en un engranaje con todos los viejos vicios de la administración pública.

Ahora, para paliar el desmadre se volverá a centralizar en el ministro de Salud la toma de decisiones.

Los ciudadanos esperan que esta vez la política acierte. Como contribuyentes, pero sobre todo como personas, los mendocinos se merecen una gestión sanitaria de calidad.
Fuente:

Más Leídas