Editorial Editorial
martes 27 de septiembre de 2016

Hágase la paz

El acuerdo tras años de duras pulseadas entre el gobierno y las FARC, no necesariamente cuenta con un absoluto consenso social. Muchos miran con desconfianza este pacto. "Es una paz a medias", dicen.

Colombia selló este lunes un histórico acuerdo de paz con las FARC para poner fin a una confrontación de más de medio siglo.

Mucha sangre corrió antes de este punto de inflexión en la vida de un país con tremendos picos de violencia, una auténtica industria del secuestro y un narcotráfico que hizo estragos en buena parte de una sociedad tan castigada como diezmada.

El presidente Juan Manuel Santos y Rodrigo Londoño, el máximo líder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), más conocido por sus nombres de guerra Timoleón Jiménez y Timochenko, firmaron el pacto alcanzado el 24 de agosto.

Para protagonizar este hito, dejaron atrás casi cuatro años de intensas negociaciones en Cuba, que en su momento contaron con el apoyo estratégico de Noruega, Chile y Venezuela.

Numerosos líderes mundiales y unas 250 víctimas del conflicto oficiaron de testigos privilegiados para un acuerdo destinado a trazar una línea simbólica.

En poco más de medio siglo, la violencia dejó como saldo 260.000 muertos, 45.000 desaparecidos y casi 7 millones de desplazados.

Entre las claves del acuerdo merecen subrayarse el definitivo alto el fuego y a las hostilidades bilaterales, una reforma rural integral que cierre las ancestrales brechas entre el campo y la ciudad, el compromiso de las FARC de abandonar su lucha armada y garantías de seguridad para los ex guerrilleros, un tratamiento distinto al fenómeno del narcotráfico y la participación de ex guerrilleros en la política partidaria.

Lo que ahora reluce en el papel es producto de años de duras pulseadas para acercar posiciones, pero no necesariamente cuenta con un consenso social absoluto.

Son muchos los que observan con desconfianza este pacto. Lo consideran una paz efímera, cuya mínima diferencia puede ser la chispa que baste para encender nuevamente la mecha.

Para cristalizar la opinión ciudadana, Santos convocó para el 2 de octubre a un plebiscito sobre el acuerdo. Los sondeos previos muestran que pese a que la mayoría coincide en que es una "paz imperfecta" o "a medias", la prefieren a una "guerra interminable". Otros, en cambio, anteponen la memoria responsable y reclaman que sea la Justicia la que hable con la misma fuerza.
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