Editorial - Mendoza Mendoza
jueves 04 de agosto de 2016

Ganar en salud

Con el Plan Nacional de Salud se inicia un proceso al que Macri calificó de "histórico". No caería en la exageración el Presidente si esta vez se tomara la salud como una verdadera política de Estado.

Del anuncio político a la comprobación fáctica del mismo suele haber, por lo general, un largo trecho, mediado de interpretaciones, "ruidos" comunicacionales y la consabida laxitud del Estado para avanzar hacia lo concreto.

Según el presidente Macri, con la implementación del Plan Nacional de Salud se inicia un proceso al que, entusiasta, calificó de "histórico".

No caería en la exageración el mandatario si alguna vez se tomara la salud como una verdadera política de Estado. Lo que en este caso implica que todas las provincias estén en sintonía real con lo anunciado oficialmente.

Si bien esto requiere de una fortísima inversión presupuestaria, lo básico es que no existan fisuras en la puesta en marcha del plan.

El eje principal es la implementación de la Cobertura Nacional de Salud que otorgará a cada paciente del sector público una credencial. Esto permitirá acceder a una historia clínica del usuario y, a su vez, servirá para obtener descuentos en los medicamentos.

El mejoramiento de los hospitales públicos (a los cuales se les insuflarán fondos por $8.000 millones) y la ampliación en los servicios destinados a la infancia, son otros de los puntos básicos.

También se contempla garantizar fondos a los sindicatos y a las obras sociales de manera tal que no haya agujeros negros en la aplicación del plan y nadie quede fuera del sistema.

En ese universo se calculan, en principio, unos 15 millones de argentinos a los cuales deberá garantizárseles una atención más equitativa y eficiente.

De acuerdo con el análisis del ministro de Salud de la provincia, Rubén Giacchi, Mendoza será una de las primeras en adherir al plan nacional y en seis meses podría estar aplicándose a nivel local.

En los papeles, lo anunciado suena factible. Si no se tropieza con las mezquindades y los chispazos propios de la gestión pública, el plan debería hacerse realidad sin conflictos.

A favor juega que no hay disputa electoral inminente que permita tomar el tema de la salud como botín de guerra. Habrá que confiar entonces en que quienes deben ejecutar esto lo prioricen con la mira puesta en aquellos que más padecen y más lo necesitan.
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