Editorial - lluvias lluvias
lunes 23 de mayo de 2016

Febo asoma

En las últimas tres semanas , al no estar acostumbrados a tales modificaciones del tiempo, los mendocinos hemos debido hacer frente a una serie de inesperados contratiempos.

Este domingo nos volvió el alma al cuerpo a los mendocinos. Salió el sol después de tres semanas que parecieron eternas. En ese lapso no sólo dejamos de ser "la Tierra del Sol", sino que además las lloviznas continuas modificaron nuestra cotidiana forma de ser.

Desde 1982, año desde el cual se llevan registros, nunca hubo tantos días sin sol y con tantas lluvias en Mendoza en mayo.

Al no estar preparados para tal modificación del tiempo, los mendocinos nos hemos encontrado con una serie de contratiempos.

Por ejemplo, la red vial de Mendoza deja ver por estas horas un verdadero muestrario de pozos en las calles, lo cual está dando tanto trabajo a los talleristas como dolores de cabeza a los conductores.

Al estar habituados al sol cotidiano, a los habitantes de Mendoza nos gusta airear nuestras casas, con lo cual evitamos problemas de humedad y las tornamos más habitables.

En los últimos días las habitaciones de las viviendas se convirtieron en territorio para tendederos de ropa, ya que era la única forma de secarla.

En las conversaciones cotidianas ya nos habíamos acostumbrado a escuchar a parientes y amigos decir que estaban sufriendo de diversas maneras la abstinencia obligada de sol.

Algunos decían sentirse deprimidos; otros, tristes o nerviosos.

No faltaban los que aducían problemas por no poder juntarse con amigos a jugar al fútbol, ni las madres que aseguraban a quienes la falta de sol estaba enfermando a sus hijos más de lo habitual.

Los médicos volvieron a certificar que entre las propiedades del sol está la de generar inmunidad y la de mejorar el sueño.

Lo concreto es que todos estos días en que estuvimos privados del sol hemos aprendido a revalorizar cuán importante son para nuestra idiosincrasia esas generalidades climáticas que nos vienen moldeando desde hace centurias.

Febo asoma. Y los habitantes de Mendoza vuelven a disfrutar su cotidianidad.

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