Editorial - San Carlos San Carlos
viernes 18 de marzo de 2016

Es noticia: tienen agua

Funcionarios, gremialistas y demás referentes sociales deberían darse un baño de realidad recorriendo más seguido esas instituciones donde se cocina el presente y futuro del país.

Una noticia como la publicada esta semana "Una escuela rural sancarlina logró tener agua tras 30 años", no es de las que obtienen un impacto mediático a lo Vicky Xipolitakis pero sí de las que ayudan a poner negro sobre blanco.

Mientras se discuten cifras siderales para pagarles a los holdouts, pedidos de suba salarial del 40% en paritarias o trasciende que cobraba $53.000 el renunciado funcionario contratado por su suegro, el titular de la DGE, Jaime Correas, gobierno y sociedad perdemos de vista el árbol y el bosque.

No es que los temas citados carezcan de importancia, todo lo contrario. Es que el tratamiento de los mismos no debería impedir que atendamos con más interés lo prioritario.

Que todavía tengamos escuelas que carecen de los servicios esenciales es una de las tantas deudas que aún tiene la Argentina sobre sus espaldas.

Los millones que se malgastan en compras innecesarias o erradas en el Estado es plata que, indirectamente, se le mezquina a mejorar la infraestructura de los colegios e incluso a elevar los sueldos docentes.

No es novedad que en numerosas instituciones son las cooperadoras las que mantienen en buenas condiciones las instalaciones escolares.

Allí se les inculca a los alumnos que deben cuidar sus aulas y entender que, en definitiva, son sus padres quienes a través de los impuestos sostienen todo eso.

En la escuela del Paraje Calise, en San Carlos, fueron los propios alumnos los que participaron de un concurso convocado por una fundación privada, obtuvieron un subsidio para proyectos educativos e invirtieron el dinero obtenido en la perforación que les permitió poder contar con agua luego de tres décadas de acarrearla en baldes y ollas.

Ejemplos como éste abundan. En cada barrio hay una escuela que tiene necesidades concretas y que, por lo general, está demasiado lejos de donde se cocina la política de las ligas mayores.

Funcionarios, gremialistas y demás referentes deberían darse un baño de realidad recorriendo más seguido esas instituciones donde se cocina el presente y futuro del país.

Tal vez así los fondos públicos se invertirían con mayor eficiencia y no habría que embarcarse en deudas a larguísimo plazo.

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