Editorial - Santa Rosa Santa Rosa
martes 29 de marzo de 2016

En el precipicio

El santarrosino Sergio Salgado es la cabeza más visible de uno de esos particularísimos casos de gestión en crisis y que, sin embargo, fueron reelegidos democráticamente en un cargo ejecutivo.

Aunque lo habitual es escuchar a quienes hoy gobiernan hacer hincapié en la "herencia" recibida, el caso de Santa Rosa amerita la creación de una nueva categoría: la pesada autoherencia.

Sergio Salgado es la cabeza más visible de uno de esos particularísimos casos de gestión en crisis y que, sin embargo, fueron reelegidos democráticamente en un cargo ejecutivo.

El intendente santarrosino, que vuelve a estar en la mira de la Justicia, cuenta con un historial pleno de cortocircuitos políticos, financieros y hasta personales.

A comienzos de este año, el cacique peronista decidió cerrar el municipio por decreto. La presión social era elocuente: había empleados de la comuna que acumulaban entre dos y cinco meses de sueldos adeudados.

A la par, los concejales lo dejaban al filo del precipicio al denunciarlo por abandono del cargo y por no prestar los servicios básicos a la comunidad.

A poco de asumir, el gobernador Alfredo Cornejo lo había ayudado a apagar el incendio con un anticipo de la coparticipación.

Conociendo el paño, se le aclaraba que era "por única vez".

El Ejecutivo conocía de sobra los antecedentes de Salgado y no quería que ese auxilio se transformara en una mochila todos los meses.

El santarrosino prefería culpar a su partido, al que acusó de "traicionarlo" (sic), antes que hacer una profunda autocrítica de cómo había gestionado la comuna del Este.

A mediados de enero, Cornejo le recordó que debía cumplir con el Plan de Austeridad que había presentado, lo que implicaba resignar cargos, disminuir costos y eliminar partidas.

A la luz de la situación actual de Santa Rosa, Salgado, quien además fue denunciado por violencia de género por su ex mujer, no ha podido remontar la creciente crisis del municipio que conduce.

Este lunes, la Justicia fue a detenerlo por administración fraudulenta contra la administración pública, por ser presunto jefe de una asociación ilícita y por la emisión de casi 500 cheques librados a sabiendas de que no podrían ser cobrados.

Mientras Salgado insiste en que "esto es un circo" y que Cornejo busca su renuncia, Santa Rosa devino en un peligroso polvorín que requiere más que nunca de un avezado piloto de tormentas.
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