Editorial - lluvias lluvias
viernes 20 de mayo de 2016

El Zoo, en caída libre

El fuego cruzado se intensifica: por un lado se pide la cabeza de la directora del paseo y por otro se les cuestiona a ambientalistas el exceso de discurso y la escasa acción real en defensa de los animales.

La crítica situación que atraviesa el Zoológico de Mendoza se ha convertido naturalmente en cuestión de Estado.

Ya no se puede aceptar que a diario se informe una considerable cantidad de muertes de animales y que eso se pretenda explicar livianamente desde una lógica climática.

Aunque los últimos inviernos hayan sido más benévolos, no se pueden justificar tantas bajas únicamente por las lluvias y el frío de estos días. No es ilógico pensar que hubo cierta impericia y escaso celo en el control de los ejemplares.

El mal estado de sus habitáculos y la endeble salud de muchos de ellos, potenciados por las inclemencias del tiempo, coadyuvaron a un lamentable desenlace.

La pérdida de piezas únicas como la pantera negra y el delicado estado de salud del popular oso Arturo han puesto al Zoo mendocino en la lupa no sólo de organizaciones ambientalistas de todo el mundo sino también de referentes de la política.

Legisladores de la oposición cuestionaron que se quiera avanzar en la ley de creación de un ecoparque cuando el paseo del Cerro de la Gloria vive su peor momento.

La mutación hacia un formato que no se base en la mera exhibición de animales extraídos de su hábitat natural es la propuesta que arrancó en los ambientalistas y a la cual adhiere el gobierno de Cornejo a través de su secretario de Ambiente, Humberto Mingorance.

Desde el arco opositor cuestionan el sentido de oportunidad de impulsar ese proyecto por entender que en el presente sirve de excusa para no gestionar un zoológico en estado deplorable.

Algunos, incluso, sostienen que se está practicando una "eutanasia indirecta y encubierta".

Para sustentar tan grave acusación, se basan en la cifra de bajas de los últimos días, que oscila entre los 30 y 50 animales.

La reacción oficial fue solicitarle a la Unidad Fiscal para la Investigación de Delitos contra el Medio Ambiente (Ufima) que realice una profunda pesquisa en el Zoo de Mendoza.

Mientras tanto, el fuego cruzado se intensifica: por un lado se pide la cabeza de la directora del paseo, Mariana Caram, y por el otro se les cuestiona a los ambientalistas el exceso de discurso y la escasa acción real en defensa de los animales.
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