Editorial Editorial
lunes 21 de agosto de 2017

El tiempo pasa y... nada

El caso del avión caído se parece al de la familia Pomar: estaban en las narices de quienes debían hallarlos rápido.

Ocho años pasaron del denominado caso Pomar, el de aquella familia que estuvo desaparecida durante semanas hasta que se descubrió que habían sufrido un accidente a la vera de una ruta.

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La familia Pomar. Una tragedia que nos sacudió hace 8 años.
La familia Pomar. Una tragedia que nos sacudió hace 8 años.

Sin embargo, a la luz de lo ocurrido con el avión siniestrado en el delta del río Paraná, da la impresión de que en este país el tiempo no transcurre en esta delicada materia de actuar con rapidez y eficacia. Veamos.

Hoy, las nuevas tecnologías –la robótica en particular– nos permiten ejecutar diariamente ciertas acciones que solo el célebre Ray Bradbury podría haber imaginado en sus relatos de ciencia ficción en los '50. Podemos pagar cuentas o transferir dinero desde un celular mientras viajamos en colectivo, podemos calibrar la temperatura ambiente de una casa accionando el sistema de climatización a distancia y hasta medir, en tiempo real, el oxígeno y los nutrientes que consume un bebé aun dentro del vientre materno.

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Sin embargo, este país debió esperar casi un mes para que las autoridades tuvieran una respuesta concreta acerca de la desaparición del avión Mitsubishi matrícula LV-MCV que había desaparecido el 24 de julio tras despegar desde el aeropuerto de San Fernando.

Hasta entonces, la nada misma. O peor aún: un misterio insoportable acerca del paradero de la aeronave y sus ocupantes, como si un agujero negro se los hubiera tragado o si hubieran caído presos del mismísimo Triángulo de las Bermudas.

Pero estaban allí, en el delta del Paraná. Curiosamente, un lugar que fue sobrevolado muchas veces, según las autoridades. La máquina estaba ahí, no fuera del país, como se especuló. Tampoco camino a Chile, como arriesgaron.

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Imagen satelital
Imagen satelital

El Mitsubishi, que alguna vez perteneció a la flota del empresario Enrique Pescarmona y que fue utilizado para entrenar a combatientes de Malvinas, estaba ahí. Cerca. Tan cerca de las miradas de los especialistas y de los responsables como el automóvil Fiat Duna Weekend rojo que el matrimonio Pomar y sus hijos abordaron en la localidad bonaerense de José Mármol para ir de vacaciones a Pergamino.

Incontables y truculentas hipótesis se tejieron acerca del destino de esa familia durante la búsqueda. Se los vio filmados en los peajes y hasta se los vinculó con un trágico final ligado a cuestiones de pareja y violencia. Pero no. Los Pomar estaban ahí, a un costado de la ruta, dentro del auto rojo, entre unos pajonales, todos muertos. Aquella vez se encendió una luz de alerta que, al parecer, nadie vio. Y así estamos.

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