Editorial - Brasil Brasil
jueves 01 de septiembre de 2016

El tic tac de Brasil

Desde el vamos, Rousseff alertó que las denuncias en su contra y la destitución del cargo eran parte de un proyecto golpista, no fruto de una genuina necesidad de sanear la política brasileña.

Con la destitución de Dilma Rousseff como presidenta, Brasil cierra un significativo capítulo de su historia política, pero su caída marca, sobre todo, el ocaso del Partido de los Trabajadores (PT), la coalición que al mando de Lula Da Silva controlaba ese país desde 2003.

Las denuncias de corrupción alcanzaron la figura de la mandataria, pero también golpearon fuertemente a su mentor, el ex presidente y actual jefe del PT.

Desacreditados ambos líderes, las riendas del poder quedan ahora en manos de Michel Temer, el vicepresidente que desde las sombras terminó minando a Dilma y quedándose con todo hasta el 1 de enero de 2019, cuando venza el mandato para el que había sido reelegida Rousseff en octubre de 2014.

El nuevo conductor, que juró ayer mismo y luego partirá a China para participar en el G20, empieza así a sembrar un camino fructífero para el Partido del Movimiento Democrático Brasileño de cara a las próximas elecciones.

Desde el vamos, Rousseff alertó que las denuncias en su contra y la destitución del cargo eran parte de un proyecto golpista, no fruto de una genuina necesidad de sanear la política brasileña.

La ahora ex presidenta había sido suspendida de sus funciones cuando se inició el proceso, el 12 de mayo.

Se la acusa de emitir tres decretos que modificaron los presupuestos sin autorización del Congreso y de contratar créditos con la banca pública en favor del Gobierno.

Con 61 votos en contra y 20 a favor, se definió el destino de Dilma, quien como único aspecto positivo dentro de su tragedia personal pudo rescatar que no fue suspendida por 8 años para ejercer cargos políticos, tal como se les planteaba a los senadores a la hora de votar en una segunda instancia.

Caído en desgracia el PT, el ajedrez político mueve sus piezas con premura porque el estancamiento de la economía ha generado el caldo de cultivo para una reacción popular que, por ahora al menos, no estalló más que en reclamos parciales.

Sin embargo, el acechante tic tac les resuena cada vez más fuerte en las calles. Y eso es de Temer y para temer.
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