Editorial - despidos despidos
jueves 10 de marzo de 2016

El mantra de Lita

Hoy, que la inflación no cede, aquella sabia recomendación de caminar y comparar precios adquiere más vigencia que nunca. Hacer rendir cada peso, un desafío contra los aprovechadores de siempre.

Lita de Lázzari pasó de ser una ama de casa típica para transformarse en un personaje mediático que daba consejos en radio y TV sobre cómo consumir bien gastando menos.

Su frase "camine, señora, camine" se transformó en un mantra que repetía con voz chillona y autorizada, consciente de que de esa forma lo que estaba sembrando era un perfil de consumidor pensante.

En sus códigos elementales, y a su vez fácilmente entendibles, invitaba a no ser cómodos y buscar el mejor precio ampliando la recorrida.

De esa manera, el sano mecanismo de la oferta y la demanda funcionaría a pleno.

Hoy, que la inflación no cede en su alza imparable, aquella sabia recomendación de Doña Lita adquiere más vigencia que nunca.

En la cotidiana puja por hacer rendir un poco más cada peso, buscar el precio más barato se torna indispensable.

Y una vez que esa tarea de comparar se transforma en una saludable gimnasia, detectamos que un mismo producto puede costar tanto más o menos en apenas unas cuadras de diferencia.

Esta confirmación valida la presunción de cuán arbitrarios son los formadores de precios en el país y de cómo ellos son los que manejan la economía real.

Por mucho que se esfuercen los gurúes del oficialismo en querer poner en caja las variables macroeconómicas, están los que en el día a día aumentan sin reparos la carne, la leche, el pan y los remedios, y enrarecen el clima social a cada momento.

Esto, obviamente, no exime a la política de su rol insustituible de ser quien imponga las leyes del juego en materia económica. Pero está claro que, por ahora, el partido lo van perdiendo casi por goleada.

La expectativa mayor está centrada en que el Congreso avale la negociación con los holdouts (en criollo, los fondos buitre) para recomponer la confianza internacional, recuperar el crédito y poner al país de pie. Este sería, según la prédica de Mauricio Macri, el empujón para arrancar de una buena vez.

Como aún está dentro de los 100 días de changüí que toda nueva gestión necesita para asentarse y recién ahí ponerse de pie, la esperanza todavía no deviene frustración.

En el mientras tanto, la inflación galopante, los despidos que no cesan y la obra pública estancada son temibles espadas de Damocles que nos recuerdan que la política esencial no se puede remplazar con discursos ni buenas intenciones.
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