Editorial Editorial
martes 16 de agosto de 2016

El factor Aranguren

La mayoría de los argentinos sabe que la actualización de las tarifas de gas y luz es muy necesaria para la salud de la economía y que es una de las bombas de tiempo que dejaron los K.

El ministro de Energía, Juan José Aranguren, concentrará este martes buena parte de la expectativa política cuando exponga –en un plenario de las comisiones legislativas de la Cámara de Diputados– sobre los aumentos tarifarios para el gas y la luz.

Hay coincidencia en muchos sectores, no sólo de la oposición, acerca de que el llamado "tarifazo" es el brete más delicado en que ha quedado entrampado Macri, agravado por una judicialización extrema del asunto.

Y esto no es porque la actualización de las tarifas de esos servicios no sea muy necesaria para la salud de la economía, ni porque la ciudadanía no sepa que esta es una de las principales bombas de tiempo heredadas del kirchnerismo.

Lo que ocurre es que la implementación del tarifazo se dejó en manos de un resultadista ortodoxo, es decir, en manos de un empresario exitoso, acostumbrado a tomar decisiones contundentes dentro de una empresa privada, ámbito en el que tal vez, eso sea necesario y esperable.

Un empresario, como cualquier otro ciudadano, puede ser partícipe de un equipo político. Lo que no es recomendable es que crea que las formas de decidir son las mismas que en una firma privada.

Es cierto que la política tiene que airearse con los aportes de las otras disciplinas de la vida.

Y no es menos cierto que los empresarios pueden dejar buenas enseñanzas en cuanto a sentido de la oportunidad, de la organización, del manejo de los tiempos o de un mejor uso de los recursos, que por lo general son escasos.

Pero hay una verdad dura como la roca: la política (¿una ciencia, un arte?) trata sobre la organización de las sociedades humanas.

Y si hay algo complejo en el universo, eso es el ser humano. Desde un gobierno se toman decisiones para un conjunto. Para un universo donde hay ricos, clase media, pobres, indigentes; donde hay ancianos, niños, adolescentes, mujeres y varones.

Y el tarifazo de Aranguren no ha tenido el tacto político para modificar tal anomalía.

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