Editorial - Macri Macri
lunes 22 de agosto de 2016

El copete y la realidad

La atmósfera del poder suele estar tan viciada que termina envolviendo con sus efluvios dañinos hasta al más criterioso. Que lo diga, si no, el Presidente al disponer medidas manu militari.

Nunca más oportuna la frase de que toda crisis debe leerse como una gran oportunidad.

El desacertado manejo político de los (necesarios) aumentos para las tarifas de luz y gas le ha significado al presidente Mauricio Macri su primer gran cimbronazo de gestión.

Esta situación deber ser aprovechada por el mandatario para comprender que cuando los funcionarios deciden hacer algunas cosas manu militari, la contundente realidad suele ocuparse de bajarles el copete.

Esta vez, la pared contra la que chocó el Gobierno se llama nada menos que Corte Suprema de Justicia de la Nación. No es moco de pavo que el máximo tribunal le diga en un fallo al Presidente: "usted tiene atribuciones para fijar tarifas, sí, señor. Lo que usted no tiene es la facultad para saltearse las leyes que ordenan que esas alzas deban estar precedidas de audiencias públicas, donde las entidades de la civilidad –y cualquier ciudadano de a pie– puedan exponer sus puntos de vista a favor o en contra de las actualizaciones tarifarias de servicios públicos vitales".

Hace poco advertíamos en esta misma columna de que el gobierno de Macri, que arrancó en diciembre pasado con una actitud de respeto a las normas de la vida democrática y a lo que manda cumplir la Constitución, había empezado de a poco a mostrar algunas señales de querer abandonar esa línea en algunos asuntos estratégicos.

Es indudable que en el caso de la actualización tarifaria optó por instalarse definitivamente en ese otro escenario, al que era tan adepto el kirchnerismo, en el que el funcionario intenta imponer decisiones de prepo, como queriendo enfatizar "aquí el que manda soy yo".

Es indudable que la atmósfera del poder suele estar tan cargada de vicios que termina envolviendo con sus efluvios hasta al más criterioso.

Macri, que conserva una alta consideración en la población, no puede rifar esa demostración de fe republicana que le sigue dando una mayoría de los ciudadanos con decisiones destempladas.
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