Editorial - Guaymallén Guaymallén
miércoles 08 de junio de 2016

De casas y otros déficits

La situación de muchas viviendas que están al borde del derrumbe habla de la necesidad de reactivar la política habitacional. Sin duda, un eslabón clave para despertar la hoy dormida obra pública.

Desde siempre, pugnar por la concreción del "techo propio" ha sido una lógica y natural aspiración de todo trabajador.

En estos días en que los beneficiarios del plan Procrear se hicieron oír para reclamar una actualización de los créditos para la compra de un lote o la construcción de su vivienda, el impacto de lo climatológico nos mostró la otra cara del déficit habitacional.

La tragedia de la joven madre y su hijito, que murieron aplastados al derrumbarse un galpón en Guaymallén, sacó a flote una realidad que sólo un drama de esas características puede poner en un justo primer plano.

En ese departamento, el más extenso de la provincia, los datos oficiales certifican que el 40% de las viviendas son de adobe. Unas 700 están directamente inhabitables, según reconoció el propio intendente Marcelino Iglesias.

Debido a las sucesivas lluvias, esas construcciones han quedado en una situación límite que si no se actúa con rapidez, podrían tener un desenlace tan lamentable como el del lunes.

Para conjurar esa posibilidad, las comunas cuentan con un teléfono específico para tomar las denuncias. Estas alertas movilizan a preventores, Defensa Civil, bomberos y delegados municipales para constatar si hay riesgo de derrumbe y si amerita evacuar a sus habitantes o a vecinos que también podrían resultar afectados.

Vale preguntarse qué pasa con aquellos que aún conscientes de que están en un contexto de extrema peligrosidad no buscan ayuda.

Por más que ahora las comunas, debido a lo ocurrido en el derrumbe fatal, estén más atentas a estas viviendas sumamente precarias, sigue siendo muy complicado dar una respuesta rápida a quien quedaría provisoriamente sin techo.

Según datos del IERAL, de la Fundación Mediterránea, el déficit habitacional en la zona urbana de Mendoza afectaba en 2010 a 81.600 familias.

Los planes de vivienda ejecutados en los últimos años no lograron bajar en forma significativa ese rojo.

Casos como los que han sido noticia recientemente deberían ser un disparador para volver a poner en discusión la necesidad de reactivar la política habitacional. Sin duda, un eslabón clave para despertar la hoy dormida obra pública.
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