Editorial Editorial
viernes 24 de junio de 2016

Cincuenta años de soledad

En un lapso no mayor a 180 días, la guerrilla de las FARC terminará de entregar todo su armamento. Colombia ha vencido con progreso y estabilidad una lucha fratricida de 5 décadas.

Cinco décadas de una guerra fratricida entre la guerrilla de las FARC y el Estado de Colombia empezaron ayer a quedar atrás cuando se firmaron en La Habana, Cuba, los acuerdos de paz que servirán de antesala para que en un plazo de 180 días los guerrilleros entreguen la totalidad de las armas, momento en que se rubricará el pacto final con el gobierno de Bogotá.

"Vamos a silenciar para siempre los fusiles", expresó el presidente colombiano, Juan Manuel Santos.
Quienes observamos este suceso desde otros países de Latinoamérica no podemos menos que alegrarnos sinceramente.

Ante este auspicioso hecho no podemos dejar de reparar en aquellas historias frondosas y desbordantes de un hijo dilecto de Colombia, Gabriel García Márquez, quien supo transmitirnos con maestría parte de la singularidad de ese pueblo.

Ese Premio Nobel de Literatura nos relató en Cien años de soledad, con deslumbrante prosa, cómo la naturaleza, la geografía y el carácter de los colombianos habían dado lugar a luchas eternas en su territorio.

El alzamiento de las FARC ha sido uno de los más largos en la historia de las sublevaciones americanas. Ha dejado sangre, dolor y rencores, además de miles de muertos y unas profundas "grietas" entre los habitantes de Colombia.

Hace ya bastante tiempo que el pueblo colombiano dijo basta. La política tomó esa posta y trató durante todos estos años de arribar a acuerdos pacíficos que, por una cosa u otra, solían empantanar el diálogo, pero no desalentar la vocación pacífica de los habitantes de esa nación, hartos de violencia.

Colombia ha tenido, en ese interín, la habilidad de mantenerse equidistante de los populismos políticos y ha generado un camino de progreso que la ha diferenciado de los altibajos pronunciados de otros países sudamericanos.

Ese camino de estabilidad es el que ha servido para ir horadando día a día al proyecto guerrillero, con lo cual queda demostrado que nada hay más importante para la paz que una nación desarrollada y pujante.
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